«Viajar en business, en un vuelo “doméstico” pagado en cash, y tener que alojarse en una motorhome o en un bungalow».

Parece mentira que en España, donde presumimos de haberle arrebatado a China el tercer puesto como destino turístico internacional (60,6 millones de turistas extranjeros recibimos el año pasado, frente a los 57,4 M que acogió el gigante asiático), solo por debajo de Francia, con 83 M de turistas, y de los EE. UU., con 67 M, el lenguaje del turismo siga tan atestado de anglicismos crudos.

Siendo como es nuestro país una de las principales plataformas de I+D+i para los técnicos de la Organización Mundial de Turismo, su campo de pruebas, de investigación, de innovación; un destino que ofrece respuestas a las nuevas necesidades y retos del sector a escala mundial; que ocupa a 2,5 millones de trabajadores, es decir, a más del 20 % de la población activa española (16,8 M, según la última EPA); que celebra anualmente la segunda feria mundial de turismo, Fitur, y que ha exportado léxico como paella, tortilla, tapa, siesta, sangría, flamenco, señor, torero, fiesta, ruedo, gazpacho, etc., a todos los rincones del planeta…, siendo un país así, decía, seguimos, sin embargo, ofreciendo una imagen tercermundista en lo concerniente a la promoción de nuestro idioma, que ignoramos, poniéndolo a los pies del inglés.

España, así, resulta un país acomplejado de su propia lengua, que no solo subestima como vehículo de comunicación con el mundo exterior, sino también entre sus propios ciudadanos, que insisten en desdeñarla en ámbitos en los que se piensa que el inglés es más chic, más distinguido. Porque es lícito pensar que en ámbitos como la ciencia o las nuevas tecnologías el inglés resulta más preciso; al fin y al cabo son los países anglosajones, principalmente los EE. UU., los que inventan, de modo que tienen ventaja a la hora de fijar sus propios referentes léxicos, que gozan de una especificad inalcanzable en otros idiomas, al menos hasta que esos inventos se popularizan, se entienden en toda su dimensión y, por consiguiente, se interiorizan, que es cuando pasan a ser traducidos y quedan asentados.

Pero en el caso del turismo no podemos pensar sino que se trata de un mero postureo[1]. Salvo rarísimas excepciones —como por ejemplo suite, aunque ya ha sido incorporada a la nueva edición del DRAE, donde aparecerá en redonda con el significado de ‘En los hoteles, conjunto de sala, alcoba y cuarto de baño’—, la mayor parte de los anglicismos usados en el sector del turismo tienen correspondencias inequívocas en español.

Veamos a continuación, para comprobarlo, una lista de anglicismos relacionados con el sector turístico (viajes, alojamientos, actividades de ocio y deporte, etc.), de uso extendidísimo, principalmente entre los profesionales del turismo —lo que tiene aún más delito— y sus correspondencias en español:

  1. Overbooking: sobreventa, exceso de reservas.
  2. Check-in: registrarse (en un hotel o apartamento); facturar (el equipaje).
  3. Finger (de avión): pasarela.
  4. Hub (de aeropuerto): centro de operaciones,  de conexiones o de distribución.
  5. Handling: servicio de equipajes o de maletería.
  6. Touroperator/tour operador: turoperador, agencia mayorista.    
  7. Catering: servicio de comidas (el Diccionario panhispánico de dudas [DPD] propone la adaptación cáterin, en redonda y de plural invariable: varios cáterin).
  8. Jet-lag: desfase horario.
  9. Transfer: conexión, trasbordo, correspondencia.
  10. Standby: en espera.
  11. Ferry: trasbordador, ferri.
  12. Vuelo «doméstico»: vuelo nacional (en español, doméstico alude a lo propio del hogar, no de lo nacional o interior, como sucede en inglés).
  13. Void: (billete) anulado.
  14. Rappel: descuento (aunque el DPD propone la adaptación rápel o rapel; plural, rápeles o rapeles).
  15. Forfait: paquete (turístico), abono (para los remontes) o precio global acordado. No obstante, la próxima edición del Diccionario académico ya recoge esta voz como propia del español, aunque debe pronunciarse como se escribe (/forfáit/), no a la francesa (/forfé/). Su plural es forfaits.
  16. Charter/s: voz adaptadas al español, aunque con tilde: chárter; plural, chárteres.
  17. Duty free shop: tienda libre de impuestos.
  18. Call center: centro de atención al cliente, de atención telefónica o de llamadas.
  19. Pack: paquete, lote, envase.
  20. Kit (de viaje): aunque ya está recogido en el DRAE, puede sustituirse por voces españolas como juego, estuche o equipo.
  21. Set: conjunto, serie, juego o estuche.
  22. Hall: salón, vestíbulo, entrada, recibidor.
  23. Lobby: vestíbulo, recibidor.
  24. Business corner: centro de negocios, sala de internet.
  25. Traveller’s cheque: cheque de viaje.
  26. Cash: efectivo (dinero en efectivo o en metálico).
  27. Fitness centre: gimnasio, sala de entrenamiento.
  28. Amenities: servicios, productos de acogida, instalaciones, comodidades.
  29. Single (room): (habitación) individual.
  30. Bungalow: bungaló, búngalo.
  31. Motorhome: autocaravana.
  32. Business centre: centro de negocios.
  33. Resort: centro turístico o vacacional, complejo hotelero.
  34. Facilities: instalaciones, servicios.
  35. Sommelier: sumiller.
  36. Snorkel: esnórquel, buceo de superficie.
  37. Running: carrera, correr.
  38. Rafting: balsismo, descenso de rápidos, canotaje.
  39. Trekking: senderismo.
  40. Footing: (falso anglicismo para jogging) correr.
  41. Jogging: correr («Voy a hacer jogging»: ‘Voy a correr’).
  42. Spa: balneario, baños o termas.

Y esto sin mencionar muchos otros usos inapropiados en el ámbito del turismo tan habituales como confundir al norte con en el norte («Suiza está en el norte de Italia»); Levante con la Comunidad Valenciana («La paella es propia de Levante»); el Reino Unido con Inglaterra y Gran Bretaña o el Úlster con Irlanda del Norte, entre otros.

Así que, prevenidos quedáis: cuando queráis ir a la Costa Azul no pidáis un biglietto a la Riviera, porque es posible que acabéis en San Remo

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

 


[1] Término consultado a la RAE en 9.812 ocasiones, según consta en la tabla I de este interesante Boletín de Información Lingüística de la Real Academia Española (BILRAE).

5

A veces me pregunto qué sentirán las familias de personas desaparecidas, bien por causa de secuestro, extravío, accidente, detención ilegal o, simplemente, decisión propia (se fueron a comprar tabaco y nunca regresaron) cuando leen en la prensa, un día sí y al otro también, noticias sobre muertos «oficiales» a quienes se califica de desaparecidos.

Noticias como la del título de esta entrada, que podríamos encontrar en cualquier periódico español, pueden provocar confusión en el lector. ¿De qué nos están hablando?: ¿de que alguien cuyo paradero desconocemos había cambiado de vida antes de sufrir un accidente?, ¿de que el accidente, como en el caso del avión de las líneas aéreas malasias, fue lo que provocó la desaparición del sujeto de la noticia? ¿O quizá de que el desaparecido en realidad murió a causa del accidente?

¿Y si la noticia alude a un ciudadano argentino o chileno, por ejemplo, en cuyos países todos sabemos que se produjeron miles de desaparecidos durante las dictaduras militares de los setenta? ¿Qué sucede cuando nos encontramos con noticias como «El desaparecido poeta argentino Rodolfo Walsh visitó Cuba por primera vez en 1959»? Lo más probable es que interpretemos que Walsh, dada su ideología izquierdista, fue desaparecido por la Junta Militar argentina que gobernó el país con mano de hierro entre 1976 y 1983.

Sin embargo, teniendo en cuenta la segunda acepción de desaparecido que recoge el Diccionario académico, ‘eufemismo de muerto, nos quedamos con la duda de si, efectivamente, se considera al poeta desaparecido, es decir, escondido, ocultado, secuestrado, huido, fugado o, simplemente, en paradero desconocido, o por el contrario se lo considera muerto, fallecido, fenecido o extinto.

Como vemos, el castellano dispone de una amplia y variada gama de sinónimos tanto para desaparecido como para muerto, de modo que parece innecesario, además de poco recomendable, abusar del eufemismo desaparecido cuando sabemos a ciencia cierta que nos referimos a alguien que ha fallecido. Curiosamente, diccionarios de un prestigio y rigurosidad fuera de toda duda como el Clave y el María Moliner, por ejemplo, no incluyen en sus páginas la acepción de muerto para la voz desaparecido, lo que resulta muy sintomático.

E igualmente curiosa —y también sintomática— resulta la definición que ofrece el DRAE del vocablo fallecido, en principio, la mejor alternativa a desaparecido si queremos evitar la palabra tabú muerto: ‘Desfallecido, debilitado’ (e incluso añade que se trata de un adjetivo en desuso, anticuado…). Afortunadamente, no sucede lo mismo en los otros diccionarios mencionados, el Clave y el María Moliner, que definen fallecido como ‘Referido a una persona, que ha muerto’.

Considerando, por tanto, la ingente cantidad de noticias que se sirven casi a diario relacionadas con personas desaparecidas, ya sea voluntariamente, por causa de accidente o por haber sido detenidas de forma ilegal, convendría limitar el uso eufemístico del término desaparecido con el significado de muerto. Probablemente los familiares, amigos y conocidos de personas extraviadas o retenidas lo agradecerían…

Pero, volviendo al titular de este artículo, ¿qué hay de ese «había rehecho su vida»?, ¿cómo hemos de interpretarlo? A juzgar por el uso que dan a esta expresión muchos medios de comunicación, deberíamos deducir que el desaparecido se acababa de casar de segundas nupcias o que había comenzado una nueva relación sentimental. Así, por ejemplo, tras la reciente muerte del expresidente del Gobierno Adolfo Suárez (el desaparecido Suárez), se han publicado noticias como esta, muy significativa para el tema que nos ocupa: «Ahora Suárez Illana [su hijo] minimiza su interés y huye de la polémica, aunque es un secreto a voces que sus relaciones con Fernando Romero, el viudo de Mariam y padre de Alejandra [la heredera del ducado de Suárez], son muy tensas, casi inexistentes desde que éste rehizo (sic) su vida». Y ya. Ni una sola explicación de la forma en que Fernando Romero, yerno de Adolfo Suárez, decidió rehacer su vida.

Si consultamos el Diccionario veremos que el verbo rehacer significa —además de ‘Volver a hacer lo que se había deshecho, o hecho mal’— ‘Reponer, reparar, restablecer lo disminuido o deteriorado’. Por su parte, el Clave dice ‘Referido a una persona, dominar una emoción y recuperar la serenidad o el ánimo: “Es difícil rehacerse tras la pérdida de un ser querido”’. Como vemos, en ninguno de los dos diccionarios se menciona la posible colocación «rehacer uno su propia vida» con el significado de ‘establecer una nueva relación sentimental’. Solo el María Moliner nos da una pista, aunque muy pequeña —se intuye en el ejemplo que ofrece—, al respecto. Dice, bajo el lema rehacer: ‘Restablecer o arreglar; particularmente la vida cuando ha quedado deshecha por algún suceso desgraciado: “Después de la separación, consiguió rehacer su vida”’.

De modo que no entiendo por qué si alguien dice que ha rehecho su vida hemos de entender que se ha vuelto a casar o que se ha echado una nueva novia. Creo que son reminiscencias del pasado, de unos tiempos en los que prácticamente nadie podía plantearse una vida plena e independiente sin pasar por la vicaría. Afortunadamente, hoy en día son muchos los singles (ojo, ni siquiera la Fundéu ha sido capaz hasta el momento de ofrecer una alternativa a este anglicismo crudo cuando se refiere a quienes-no-han-rehecho-sus-vidas, así de cruda está la cosa) que se reinventan como tales después de sufrir un quebranto sin necesidad de ejercitar la tradicional simbiosis nupcial. Y creo que la prensa y, en general, toda la sociedad hispanohablante debería tomarlo en cuenta antes de dar por hecho que cuando alguien rehace su vida es porque ha pillao…

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

 

3

Desde luego yo, por si acaso, no las uso. Y mira que estoy viejuno. Y mira, además, que siempre he admirado esos llamados «bonitos cadáveres» (una mala traducción, por cierto, del original good-looking corpses —‘cadáveres bonitos’—, ya que en español, cuando usamos bonito delante del sustantivo solemos hacerlo con ironía: «Bonito espectáculo estáis dando…») que dejaron gente como Janis Joplin, Jim Morrison, Jimmy Hendrix, Kurt Cobein, Amy Whinehouse o el mismísimo James Dean, a quien se atribuye erróneamente[1] la famosa frase «Vive rápido, muere joven y deja un “bonito cadáver”», que bien pudiera ser el eslogan de las cremas antiedad, auténticas catalizadoras de la muerte si nos atenemos al significado canónico de su apellido (antiedad: que va contra la edad).

Es curioso, sin embargo, que los creativos publicitarios (aunque probablemente la responsabilidad sea de los ejecutivos de márketin que los contratan…), que deben de saber, sin duda, que aging en inglés significa envejecimiento, maduración, no edad, decidieran traducir anti-aging por antiedad (si al menos fueran antiedad del pavo, por ejemplo, todos se lo hubiéramos agradecido). Pero aún más sorprendente resulta que, habiendo pasado ya nueve añazos desde que la Fundéu publicara (1/06/2005) una recomendación al respecto: «antiarrugas o antienvejecimiento, no antiedad», en la que, además de las dos alternativas del título añadía el término rejuvenecedoras («cremas rejuvenecedoras»), es decir, que daba tres alternativas tres para evitar el dislate, hoy en día las cremas asesinas sigan erre que erre, más que nunca, con su afán genocida.

Lo cierto es que hay un viejo axioma en publicidad que dice: «Si un anuncio no te gusta, es que no va dirigido a ti», detrás del cual se adivina —aparte de cierta soberbia— que antes de producir una cuña publicitaria (note el lector que evito usar spot, spot publicitario, voz que ya casi podríamos considerar una colocación asentada del español, tanto del culto como del coloquial) las agencias llevan a cabo tantas pruebas, encuestas y proyecciones con grupos representativos de consumidores, se gastan tanto dinero en ellas y en el plan de medios para difundirlas, que es prácticamente imposible que se equivoquen, que sus anuncios no resulten efectivos. Digamos, por tanto, que suelen jugar sobre seguro. De lo que se deduce que, dado el imparable incremento de marcas de este tipo de lociones que usan el término antiedad, debe de ser que funciona; a la gente le gusta o, usando un lenguaje coloquial, nos la han clavado.

No cabe duda de que el poder de la publicidad sobre los usos lingüísticos de la población es enorme. Y es lógico, ya que su herramienta principal de seducción es la palabra, en la que se sustenta para lograr sus objetivos. Si unimos a esto el hecho de que muchas realidades son nombradas, definidas o acotadas por primera vez en el ámbito publicitario (nuevos productos y servicios, sus efectos o contraindicaciones, las actitudes que provoca, etc.) y que, como ya se sabe, quien pega primero pega dos veces, es natural que sus dictámenes lingüísticos, que además se apoyan en poderosísimas campañas de difusión, queden fijados en el uso popular con enorme rapidez; por supuesto, mucho antes de que los lingüistas, lexicógrafos, traductores profesionales, periodistas o académicos hayan tenido tiempo de evaluar su rigor léxico, sintáctico o gramatical.

Por eso es especialmente importante que los agentes de la publicidad, tanto los creativos como los redactores (los copies, en su peculiar jerga), los ejecutivos, los directivos, etc., sean conscientes de su poder y, por lo tanto, especialmente sensibles al del lenguaje que manejan. Es cierto que la transgresión puede resultar irresistible, que doblegar una palabra, manipularla, darle la vuelta o crearle un doble sentido es apasionante y nos puede poner en órbita (sobre todo cuando vemos que funciona, que la gente la utiliza, que vendemos más con ella), pero al igual que quien no conoce la historia está condenado a repetirla, quien desconoce la norma —la gramática, la sintaxis, las reglas de construcción de palabras en español…— puede tocar la flauta por casualidad, tener la suerte del novato y ser brillante por momentos, pero tarde o temprano desafinará. Así, incluso para transgredir, o mejor dicho, especialmente para transgredir, es fundamental conocer a fondo lo que se vulnera, en este caso la lengua.

La Fundéu, avalada por la Academia, lleva muchos años luchando por que se haga un mejor uso del español en los medios. Consciente de la enorme influencia que estos ejercen en la competencia lingüística de sus destinatarios, la sociedad en su conjunto, tuvo la brillante idea de constituirse en su observatorio lingüístico, en la «Academia de los periodistas». Pero la influencia del lenguaje publicitario en la población no se queda a la zaga de la de los medios. Por eso, y aunque ya en marzo del 2009 la institución promovida por el BBVA firmó un manifiesto en defensa del uso correcto del español en la comunicación comercial y en la publicidad con las principales asociaciones de la industria publicitaria —manifiesto en cuyo 4.º punto, por ejemplo, se recoge la siguiente advertencia: «El empleo de extranjerismos innecesarios y de malas traducciones de giros y vocablos extranjeros empobrece y desluce el mensaje publicitario, por lo que se recomienda la utilización de locuciones y términos españoles»—, a pesar de ello, decía, hace falta prestar una mayor atención al sector. Creo que no basta con una declaración de intenciones. A la vista está que aquella bonita iniciativa no ha obtenido los resultados deseados, y no lo ha hecho probablemente porque era —permítaseme la licencia— un mero wishful thinking, una ilusión carente de algo tan fundamental como una hoja de ruta.

Para hacer efectivos los dictámenes de ese ambicioso manifiesto (no creo que hubiera que retocar un solo punto del decálogo, muy equilibrado tal como está) es necesario crear herramientas y vías de comunicación ágiles entre las asociaciones que representan a los publicitarios y aquellas instituciones que, como la Fundéu o la Academia, se dedican profesionalmente al estudio y observación de nuestro idioma. Me atrevería a decir, incluso, que se echa de menos un publicitario (¿o un publicista?) tanto en el Consejo Asesor de la Fundéu como en la propia Real Academia. Si en ambas instituciones hay representantes del mundo del periodismo, la traducción, la economía, las nuevas tecnologías, el teatro, el cine o el humor, ¿por qué no lo hay también de uno de los sectores más dinámicos y con mayor peso en el devenir de nuestro idioma como es el de la industria publicitaria? Quizá, de haberlo habido antes, ahora hablaríamos de vuelos económicos (low-cost flights) y tarifas uniformes (flat taxes), en lugar de usar las formas vuelos de bajo coste y tarifas planas. Incluso es probable que yo mismo me hubiera hecho un yonqui de las cremas rejuvenecedoras…

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

 


[1] La frase forma parte de la película de Nicholas Ray Knock on Any Door (Llamad a cualquier puerta, 1949).

4

¿A quién no le han contado alguna vez este chascarrillo, que basa su gracia en la aparente paradoja que conlleva la doble pronunciación de un mismo apellido en función de que se le aplique al padre o al hijo? Sin embargo, no puede haber un ejemplo mejor para reflejar la evolución cultural que hemos experimentado en España en los últimos 30 años, una evolución que, como no podía ser de otra forma, también ha afectado a nuestro desempeño en la pronunciación de los nombres extranjeros.

Así, aparte de los Dáglas (o de los Dúglas), hay muchos otros casos que documentan ese tránsito ascendente en la destreza fonética de la sociedad española a lo largo de las últimos décadas. Clark Gable, que para muchos de nuestros padres era [Gar Gáble] (Caracable para sus hijos), se «rehabilitó» como [Clark Géibol] ya a finales del siglo pasado. Lo mismo sucedió con el bueno de Tyrone Power, que del [Tirone Pógüer] paterno paso al más ecuánime [Táiron Páuer] a medida que nos acercábamos al siglo xxi. A [Bíli Güílder] ya hace unos años que lo identificamos por [Bíli Guáilder]; [Marzelo Mastroyáni] pasó a ser [Marchelo Mastroiáni] hace ya tiempo; a [Bur Lancáster] lo empezamos a llamar [Bart Láncaster] en los ochenta, que yo recuerde, y, más recientemente, hemos aprendido que Kylie Minogue no es [Kíli Minóg], sino [Káili Minóg]…

La generalización de la enseñanza del inglés a partir de los años ochenta —en detrimento del francés—, la apertura de España a la Unión Europea y a los mercados internacionales, que ha permitido la entrada de miles de productos nuevos —muchos con nombres impronunciables a primera vista— en nuestros supermercados y centros comerciales; el acceso a las películas de todo el mundo en versión original; la multiplicación de canales de televisión y, sobre todo, la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, muchas de cuyas funcionalidades son solo accesibles si nos manejamos en inglés, nos han puesto las pilas.

Esta evolución cultural y social no parece, sin embargo, verse reflejada —al menos en la misma proporción que lo ha hecho la sociedad— en el devenir «oficial» de nuestro idioma, en especial, en las reglas que restringen la adaptación de extranjerismos al español. Así, por ejemplo, es curioso que un dígrafo tan extendido, conocido y dominado en español como es el que forma la sh, siga proscrito en la Ortografía; y no hay más que pasear por la calle o escuchar cualquier programa de radio o televisión para comprobar que la gente pronuncia perfectamente voces como Washington, Shanghái, Shakira, show, sheriff o flash. Y eso sin mencionar a los hispanohablantes argentinos, en especial los bonaerenses, o a los de origen gallego, vasco o catalán, todos ellos dominadores natos del sonido [sh].

Esta limitación, además, afecta particularmente a las transcripciones de palabras procedentes de grafías no latinas, como el árabe, el chino, el hebreo o el ruso, pero también a la hispanización de términos del inglés, el francés o el italiano, cuyas sh originales pretendemos convertir en eses o, peor aún, en ches. Así, surgen adaptaciones tan chuscas como chou por show, chérif por sheriff, Bachar el Asad por Bashar el Asad, sabbat por shabbat, saría por sharía, etc.

La Ortografía nos dice que si queremos mantener esa sh original —, tan natural ya, como decía más arriba, para la mayoría de los hispanohablantes— en las palabras que la incluyen, y no adaptarla sustituyéndola por ch o s, debemos resaltar aquellas usando la cursiva o las comillas, un recurso ruidoso e indeseable. Creo, por tanto, teniendo en cuenta la terca realidad, que los académicos deberían plantearse dar carta blanca en sus manuales normativos a este dígrafo tan común, extendido y asumido por una nueva generación de españoles acostumbrados a lidiar con él y a quienes no les cuesta ningún esfuerzo identificarlo y pronunciarlo.

Lo mismo sucede con términos tan enraizados en el español como stop o spa. A pesar de que en varios países hispanoamericanos los Stop de tránsito son Alto o Pare y de que para spa tenemos alternativas como balneario, baños o termas, es un hecho que en España las carreteras está inundadas de stops y que a la gente le encanta pasar fines de semana en spas de toda la geografía española. Sin embargo, siguiendo la recomendación académica, debemos escribir tanto stop como spa en cursiva, lo que resulta, cuando menos, forzado. De modo que, desde mi punto de vista,  la Ortografía debería empezar a plantearse admitir excepciones, relajar sus limitaciones morfológicas e integrar en el diccionario estas palabras sin necesidad de resaltarlas topográficamente.

Para ser justos, no obstante, hay que reconocer que la Real Academia Española (no la Real Academia de la Lengua Española, como se ve escrito a menudo) ha empezado a dar muestras de modernidad, de querer reconciliarse con los tiempos, al apostar por la rehabilitación de letras como la k y la w, que hasta hace muy poco estaban prácticamente proscritas y eran casi siempre sustituidas por los dígrafos gu (o ) y qu, así como por la letra c. Es el caso de términos como web, en lugar de güeb; friki, en vez de friqui; wasapear frente a guasapear, wiski en lugar de güisqui, etc.

Ahora solo falta que adapten el díscolo término marketing, que prácticamente nadie sustituye por la opción académica márquetin, recomendada en el DPD —y menos aún por mercadotecnia (salvo en América)—, y que, ya de paso, hagan lo propio con software y hardware. Son cientos las nuevas palabras que lleva recogiendo y adaptando la Academia estos últimos años, como se ha podido leer estos días en muchos medios de comunicación con motivo del cierre de la edición en papel del DRAE, y prácticamente ninguna goza de la popularidad y enraizamiento de las mencionadas marketing, software y hardware.

En el primer caso —marketing—, creo que bastaría con que se cambiase esa qu, que parece no convencer a nadie, por una kmárketin— para que se produjeran muchas más adhesiones (la eliminación de la g final no creo que fuera objeto de mucha controversia), y en cuanto a software y hardware, irreductibles desde hace décadas, teniendo en cuenta la recuperación mencionada de la w como letra plenamente asentada en español, podrían «redondearse» glosando las formas sófwar/sófwer y hárwar/hárwer, con grafías muy cercanas a las de los términos originales. Es solo una idea…

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

2

Veamos el siguiente titular: «Alto Volta llama a consultas —‘a capella en grito’— al embajador de Zanzíbar, que atiende al nombre de Mobutu».

¿Cuántos errores has detectado en este supuesto y delirante encabezamiento? Yo veo, al menos, seis…

Dos de ellos son de carácter geográfico, o mejor dicho, geopolítico, por lo que digamos que sirven para añadir un puntito de exotismo a una sección tan «seria», centrada en lengua y traducción, como la que nos ocupa: Alto Volta es Burkina Faso desde 1984 y Zanzíbar, la isla de las especias (‘costa de los negros’, en persa), es una región —una isla— de Tanzania, por lo que, al no ser un Estado soberano, no puede tener embajadores.

Centrémonos, por tanto, en los cuatro errores restantes. Al primero de ellos, el más evidente, y del que también podríamos decir que es de recurso, como los dos anteriores, lo podemos considerar un «error de colocación», pero sobre todo, un error colosal. Tan lamentable y quimérico que si tecleas en Google «a capella en grito», no aparece ni un solo resultado. Y eso debe de ser grave, porque ese mismo buscador devuelve nada menos que 546.000 resultados cuando insertamos en su cajita la voz Mikel Jakson, tal cual (recordemos que lo correcto es Michael Jackson). Nadie en su sano juicio, o que tenga un nivel elemental de español cometería el error de confundir voz con capella. De modo que pasemos ya, sin más «delación», a lo que realmente nos ocupa.

Y para ello, no hace falta salir de la anterior colocación estrambótica —que no bizarra—; en ella encontramos, por fin, un error real, procedente en esta página y, lamentablemente, bastante común: escribir cappella con doble ele, pero una sola pe. No hay más que acudir al Diccionario panhispánico de dudas (DPD) para comprobar que la locución italiana a cappella se escribe en cursiva cuando se utiliza para aludir a la música vocal polifónica que se ejecuta sin acompañamiento instrumental, y en redonda, sin resalte tipográfico y con la grafía adaptada a capela (una sola pe, una sola ele), para referirse, en general, al hecho de cantar sin acompañamiento instrumental —algo que vimos hacer esta misma semana con su himno a los cerca de 50.000 seguidores del Atlético de Madrid que asistieron en directo a la aplastante victoria de su equipo sobre el AC Milan  en el partido de vuelta de octavos de la Liga de Campeones—. Lo que no es apropiado es usar la grafía híbrida a capella, ni en redonda ni en cursiva, como hicieron algunos medios de comunicación y muchas otras webs en sus crónicas del partido mencionado.

Si no me fallan las cuentas, ya solo quedan dos errores por tratar. Empecemos por el de más etiqueta, que además es de concepto: «el Gobierno de X llama a consultas al embajador de Y». Esto, trasladado al mundo del fútbol, sería como si Casillas (Gobierno X), justo antes de que Messi (embajador de Y) le lanzara un penalti —en Copa o en Champions, claro—, se acercara el punto fatídico y le preguntara por dónde lo va a tirar (lo lógico es que si Casillas tiene que llamar a consultas a alguien sea, por ejemplo, a su compañero —embajador— Di María, que conoce muy bien a su compatriota Lio Messi). Diríamos en este caso, trasladando el lenguaje diplomático al fútbol, que Casillas llamó a consultas a Messi, algo a todas luces absurdo. Un Gobierno llama a consultas a sus propios embajadores, no a los de Estados ajenos; cuando se da este segundo caso, lo que se hace es convocar al embajador del país X. Sin embargo, como se puede comprobar al pinchar en este enlace, son muchos los medios que hacen un uso inapropiado de la locución llamar a consultas.

Por último, tenemos al embajador que «atiende al nombre» de Mobutu. En español de España (o españolés, que diría mi excompañero Alberto Gómez Font), entre los múltiples significados del verbo atender está el de ‘llamarse de una determinada manera’. Hasta aquí, bien: el embajador de Zanzíbar se llama Mobutu. El problema es la preposición al, pues tal como recoge el DPD en el punto 4, letra b, de su entrada sobre este verbo tan polisémico: ‘[el verbo atender, con el significado de ‘llamarse de una determinada manera’] siempre va seguido de un complemento precedido de por. Así, lo apropiado habría sido escribir que el embajador de Zanzíbar «atiende por el nombre de Mobutu».

De modo que el titular de este artículo, después de asearlo convenientemente, quedaría como sigue: «Burkina Faso llama a consultas —a capela— a su embajador en Tanzania, que atiende por el nombre de Mobutu».

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

3

Creo que fue en mi primer viaje a Londres, allá por el mes de agosto de 1981, cuando sufrí el primer desencuentro con la pronunciación de los nombres propios extranjeros. Confluyeron tres razones para ello: mi melomanía, mi pobre educación en fonética inglesa y mi afición a escuchar las emisoras de radio españolas, en especial los extraordinarios programas de música de Radio 3 («Radio 1, Radio 2, Radio 3: nosotros ponemos tres radios y tú, el resto de la bicicleta», rezaba una de sus promos –ya trataremos este anglicismo en otro momento–), de RNE.

 

En aquella época dorada de la new wave británica triunfaba –no tanto en España, donde sus discos llegaban con cuentagotas– el cantante pop londinense Graham Parker, cuyo disco Squeezing Out Sparks (1979), se había hecho un hueco en la lista de los 500 mejores álbumes de todos los tiempos, según la revista Rolling Stone. Pues bien, una tarde, hablando de música con unos amigos londinenses de lo más «cañí», como el propio Parker, al preguntarme por mis bandas o solistas británicos preferidos me inflé como un pavo real —suponía que iban a sorprenderse de que un chavalito español lo conociera— y les dije con mi mejor acento, tratando de superar, incluso, el de mi admirado locutor de Radio 3, a quien se lo había escuchado pronunciar más de una vez: «/Ai lav Grájam Páaka/» («I love Graham Parker»).

 

Much to my surprise (siempre me ha gustado esta expresión), es decir, para mi sorpresa, se miraron extrañados y soltaron un What? que me desinfló de inmediato. Lo intenté de nuevo relajando la jota de /Grájam/, pero ni modo; llegué a decir /Póoka/ y hasta /Péeka/, pero seguía sin funcionar. Solo después de mencionarles el título del disco, Squeezing Out Sparks, y de referirme al corte You Can’t Be Too Strong, mi favorito, reaccionaron: «Oh, what you mean is /Gréiam/, /Gréiam Páaka/»…

 

Tres años más tarde, en el verano de 1984, paseando por el centro de Madrid con unos amigos, nos topamos con un grupo de turistas alemanes especialmente comunicativos, todo un hallazgo. No sé por qué, comenzamos a hablar de fútbol (en inglés, pues ninguno de los españoles hablábamos alemán), y en un momento de la conversación me vino a la cabeza el nombre del gran delantero alemán del Werder Bremen, Rudi Völler, a quien admiraba entonces por la combinación de potencia y técnica de su fútbol, algo bastante raro en la liga alemana de la época, y que por esa razón era uno de los jugadores más mencionados en los escasos programas de fútbol internacional de TVE (léase Estudio Estadio, y basta). «To me —les dije— /Rúdi Vóler/ is one of the best central forwards in Europe». Los alemanes pusieron exactamente la misma cara que la que habían puesto los ingleses tres años antes, cuando les había hablado de Grájam Paaka. Después de intentarlo con alternativas como /Rádi Fóller/ y /Riúdi Véller/, a uno de los alemanes, afortunadamente, se le encendió una lucecita y dijo: «Ah, you mean /Gjúdi Féla/!». Acabáramos…

 

Menos mal, pienso a veces, que durante aquella estancia veraniega en Gran Bretaña no se dio la ocasión de hablar con los ingleses que conocí sobre marcas comerciales, porque a saber qué cara me habrían puesto si los hubiera contado que en España consumíamos habitualmente /Eskóch Bríte/, /Colgáte/, /Firestóne/ o /Áfter Sún/, formas que se manejaban —y se siguen manejando—para hablar de /Scótch Bráit/, /Cólgueit/, /Fáiarston/ o /Áfta Sán/…

 

Pero este «déficit» en la pronunciación de extranjerismos no solo nos afecta a los españoles. Recuerdo que un amigo inglés residente en España me contó hace unos años que cuando sus padres visitaron España por primera vez le dijeron que les había encantado el cuesa de Soraia y que se habían quedado sorprendidos por la enorme extensión de Bedéiyas. Se referían —yo nunca lo hubiera adivinado— al queso de Soria y a la provincia de Badajoz…

 

Pero, al fin y al cabo, mi ignorancia y la de los padres de mi amigo británico solo nos afectaron a nosotros y a nuestros interlocutores ocasionales. Digamos, por tanto, que nuestras confusiones fueron meras anécdotas. Pero ¿qué pasa cuando esto les sucede a los profesionales de los medios de comunicación? ¿Cuánta gente se ve afectada por el comentario de un disyóquey radiofónico si, por ejemplo, se refiere al grupo Dire Streats como /Dir Estríts/ o a Rare Earth como /Ráre Jéarz/. ¿Y a un crítico de cine de TV cuando llama /Sin Cóneri/ a /Shon Cóneri/, /Ralf Fáins/ a /Ralf  Fíins/ o /Ríchar Guére a /Ríchard Guíar/? Pues que a sus oyentes les pasará como a mí con /Gréiam Páaka/ o /Gjúdi Féla/, que solo serán entendidos por sus compatriotas, Y eso en el mejor de los casos, porque muchas veces cada locutor pronuncia los nombres propios a su antojo, y mientras que uno llama /Yorch Jágui/ al exfutbolista rumano Gheorghe Hagi (/Gueórgue Háyi/), otro lo llamará /Guíorj Áyi/, y así no habrá quién se entienda.

 

Es cierto que resulta muy difícil estar al día de cómo se pronuncia el enorme caudal de nombres propios extranjeros que llegan a diario y por primera vez a las redacciones de los medios audiovisuales. Desde nombres de políticos árabes, coreanos, rusos o etíopes a topónimos remotos de Afganistán, Ucrania o Islandia. Pero el periodista de hoy en día, a diferencia de lo que les ocurría a los del siglo pasado, que para contrastar la pronunciación de un nombres propio tenían que llamar por teléfono a una embajada, a una delegación de prensa en el extranjero o a algún amigo que viviese en el país originario, dispone de internet, donde hay herramientas que le pueden sacar de sus dudas en cuestión de minutos. A continuación citaré algunas de acceso gratuito que considero especialmente fiables y fáciles de manejar:

 

  1. Wikilengua, inglesa. A diferencia de la edición en español, en esta se ofrece la trascripción fonética internacional de un gran número de nombres propios, y en la mayoría de los casos incluye los audios. No obstante, cuando estos no están disponibles, se puede consultar el alfabeto fonético internacional (IPA, por su sigla inglesa), por ejemplo, en la web http://www.ehowenespanol.com/ipa-como_370466/, que explica cómo hacerlo. Y para escuchar los sonidos representados por cada símbolo, nada mejor que entrar en la web de Paul Meier: http://www.paulmeier.com/ipacharts/.
  2. http://www.forvo.com/. Una especie de wiki sonora basada en las aportaciones de hablantes de todo el mundo que suben los audios de los nombres propios de sus regiones.
  3. http://names.voa.gov/#. La página de nombres propios de Voice of America incluye la pronunciación de miles de nombres de políticos y personalidades de todos los ámbitos sociales del mundo.
  4. http://www.fundeu.es/eurocopa-2012/: Base de datos con la pronunciación de los nombres de cientos de jugadores de fútbol —la mayoría aún en activo—  de varias nacionalidades europeas que participaron enla Eurocopa 2012 de Polonia y Ucrania.

 

Y eso sin mencionar la posibilidad de conectarse a las agencias internacionales de noticias con servicios de audio y vídeo, como Reuters, Associated Press o France Press, o de entrar en webs como las de la BBC, la CNN o YouTube. Basta con teclear en sus buscadores el nombre propio de nuestros desvelos para que aparezcan un montón de resultados en forma de archivos de vídeo y audio.

 

Desde luego, todo sería más fácil si existiera una herramienta exclusiva y en línea, con un buscador potente asociado a una gran base de datos, que nos proporcionara la pronunciación de cualquier nombre propio en cualquier idioma y en cualquier momento, pero hasta que eso suceda —que sucederá—, creo que existen los recursos suficientes para evitar la pronunciación defectuosa de nombres tan populares como, por citar dos de los más maltratados, /Ányela Mérkel/ y /Ártur Más/, en lugar de las formas adecuadas /Ánguela Mérkel/ y /Artúr Más/.

 

En un mundo globalizado como el actual, ya no basta con escribir correctamente los extranjerismos; también conviene saber pronunciarlos. Debemos lograr que cuando alguien diga «¡Pero si lo dicen así en la tele/radio!» nos suene igual que cuando ahora escuchamos «¡Pero si está recogido en el diccionario de la Academia!»…

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

 

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Fue en la primavera del 2012 cuando tuve la ocasión de conocer Seprotec. Yo trabajaba entonces como redactor de recomendaciones y responsable de Expansión y Patrocinios en la Fundéu BBVA, y entre mis funciones estaba la de buscar sinergias con empresas e instituciones interesadas en contribuir con los objetivos fundacionales de la organización: básicamente, la defensa de un español saneado y culto en los medios de comunicación de España e Hispanoamérica.

 

Seprotec se dirigió a nosotros en términos kennedynianos: no dijeron qué puede hacer la Fundéu por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros por la Fundéu. Conocían bien nuestra labor y estaban dispuestos a echarnos una mano con sus armas, armas de las que nosotros carecíamos y que podrían resultar muy importantes para complementar nuestra tarea de apoyo lingüístico a los periodistas y comunicadores: la traducción y la interpretación.

 

Hasta entonces la Fundéu solo se había dedicado a publicar píldoras lingüísticas, recomendaciones de buen uso del español dirigidas principalmente a los profesionales de la prensa, de la lengua escrita. La aparición de Seprotec nos brindaba la posibilidad de entrar también en la lengua oral, la herramienta principal de los comunicadores de radio y televisión, tan necesitados a veces de contar con un referente autorizado para saber cómo pronunciar los miles de topónimos y nombres propios extranjeros que aparecen constantemente en sus teletipos.

 

Y, precisamente, ese verano, a apenas un mes vista de nuestro primer encuentro con Seprotec, se celebraba la Eurocopa de Fútbol 2012 en Polonia y Ucrania, una competición que aseguraba un extraordinario eco mediático y en la que se darían cita 16 selecciones nacionales, cada una de ellas con su propia lengua y sus propias peculiaridades idiomáticas, muchas tremendamente complicadas para los hispanohablantes. Era la ocasión perfecta para que la Fundéu y Seprotec uniesen sus fuerzas y elaborasen una herramienta que permitiese a los profesionales de los medios audiovisuales disponer de una referencia fiable y completa para sentirse seguros a la hora de locutar sin complejos los nombres de jugadores, técnicos, árbitros, etc., de origen serbio, ucranio, polaco o turco que confluirían en el campeonato.

 

Y así surgió, en un plazo récord de apenas tres semanas de preparación, un trabajo intenso, comprometido y entusiasta, la flamante Guía útil de pronunciación para periodistas – Eurocopa 2012, un manual a la medida no solo de los periodistas deportivos, sino de todas las personas interesadas en conocer la peculiaridades fonéticas de gran parte de los idiomas hablados en Europa —en muchos casos, bastante desconocidos— a través de lo que se ha dado en llamar la fiesta del fútbol.

 

La Guía tuvo un éxito enorme, llegando a trascender las fronteras hispanas y a ser mencionada en espacios informativos de medios tan prestigiosos como la televisión pública alemana ZDF, que en uno de sus programas nocturnos la ponderó como una herramienta muy oportuna y de gran utilidad. Y todo ello gracias a la generosidad y al espíritu de servicio de Seprotec y la Fundéu BBVA.

 

Cuento todo esto porque hoy, dos años después de aquel primer encuentro, la misma compañía que se ofreció a llevar a cabo el proyecto en unos plazos que parecían inviables y poniendo a disposición de la Fundéu sus recursos y su equipo de una forma totalmente desinteresada, me da la oportunidad de colaborar con ellos en la redacción y seguimiento de una nueva sección de su Seproteca, un espacio semanal titulado Sepropíldoras de lengua en el que trataré de abordar las dudas y dificultades más habituales de nuestro idioma (ortotipográficas, léxicas, sintácticas…) así como de alentar el debate en torno a los extranjerismos más irreductibles en español: cuándo se antojan necesarios o irremplazables, cuándo su uso responde a la pereza o, simplemente, a una cuestión de prestigio social (mal entendido, probablemente); cómo abordar su traducción; qué manuales, corpus, webs, medios de comunicación… pueden resultarnos más útiles como referencias fiables y autorizadas, etc.

 

Soy consciente de que en la comunidad seprotequista habrá gente más sabia y experimentada que yo. Será un placer contar con sus aportaciones y sus críticas para hacer de esta sección un espacio de servicio rico, abierto y tolerante. Considero que los traductores hemos de estar a la vanguardia del buen uso del lenguaje, de modo que nuestro público objetivo, la sociedad en su conjunto, se beneficie de nuestro buen hacer y encuentre cada día más claros e inteligibles los mensajes que recibe a través de los medios de comunicación, la literatura, la publicidad, el cine, el ocio… No hay que olvidar que casi el 90 % de la producción escrita que leemos a diario procede de traducciones. Conocer bien nuestra propia lengua y ser autocríticos y capaces de reflexionar sobre ella permanentemente parece, por tanto, fundamental.

 

En esta primera entrega, dado lo extenso de la presentación, me limitaré a invitaros a acceder a la subcategoría de recomendaciones sobre traducción de la Fundéu, donde encontraréis cerca de 200 píldoras de la Fundación sobre extranjerismos habituales y sus correspondencias en español.

 

Términos como wearable technologies, paywall, offshore o tifo, todos ellos de gran actualidad —no olvidemos que la Fundéu trabaja en el seno de la Agencia Efe, al ritmo que impone la actualidad informativa—, quedan recogidos en ellas. Si al descubrirlas o releerlas encontráis que su enfoque no es el más adecuado o preciso, que alguna o varias de sus propuestas de traducción no responden a los conceptos o realidades subyacentes en los términos originales, será un placer leer vuestros comentarios en esta página para establecer el oportuno debate.

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

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TraduEmprende Barcelona

febrero 19th, 2014 | Posted by admin in Traducción - (1 Comments)

Por María Noqué.

Hace unos meses tuve la oportunidad de asistir a la segunda edición de las jornadas sobre traducción y emprendimiento que organiza Leon Hunter, S. L.: TraduEmprende. Esta iniciativa está orientada sobre todo al traductor novel o recién licenciado, que acude a las ponencias con el objetivo de abrirse camino como traductor autónomo y sale empapado de los mejores consejos.

 

 

Tras el éxito de la primera edición, en Madrid, esta vez Leon Hunter logró reunirnos a todos en la ciudad de Gaudí. El jueves se celebró una cocktail party, a la que no pude asistir porque estaba en pleno trayecto de AVE, pero puedo figurarme que se lo pasaron bomba y que engordaron un par de kilitos…

 

Bueno, no todo fue comer, también se produjo la archiconocida desvirtualización, que está presente en todos estos saraos y que nos encanta. Además de los ponentes, acudieron vocales de la UAB y de la UPF y también una de las colaboradoras de Cálamo & Cran (por lo menos estaban presentes en la jornada del viernes). Así pues, entre anécdotas y risas, copas y dulces, pasó esta agradable noche que, además, contó con una organización inmejorable, la misma que hubo al día siguiente.

 

A las 9:00 h de la mañana, estábamos todos allí como un clavo, igual de puntuales que las ponencias, que dieron comienzo con Juan Yborra. Este traductor audiovisual nos habló de El Crowdsourcing en la traducción: ¿alternativa o estafa?, un modelo de trabajo relativamente moderno, que podemos definir como traducción comunitaria colaborativa. Sus principales características son el altruismo, ya que es una actividad voluntaria, el uso de un software libre y el bajo nivel de los controles de calidad. ¿Los beneficios? Son más bien simbólicos, pues raramente hay recompensa, aunque sí se obtiene agradecimiento y cierto reconocimiento. La oferta laboral de este modelo de trabajo está en las ONG, en videojuegos amateur y en plataformas como Linkedin, Twitter, Facebook o el fenómeno TED. La reflexión que lanzó y que quedó en el aire fue si se trataba de una alternativa válida o de una mera estafa.

 

La segunda charla, muy divertida e ilustrativa, fue la de Javier Pérez. El tema era la traducción audiovisual: ¡Traduce como puedas! – Cultura popular y traducción. Javier nos mostró las adaptaciones más curiosas de los cómics a la gran pantalla y analizó los motivos que llevaron a los traductores a realizarlas así, habitualmente movidos por las exigencias del marketing.

 

Tras un pequeño descanso, acompañado del más variado y copioso de los desayunos,  ocupó la tarima Amaia Gómez quien, acompañada de su bebé, nos habló de El valor empresarial de las ideas. Su trayectoria es ejemplar: se licenció en Arquitectura pero finalmente encontró su sitio en el ámbito de la traducción. Amaia recomienda salir de nuestra zona de confort, localizar nuestro punto diferenciador, nuestra idea, y sacarla adelante. A partir de aquí, debemos darnos a conocer a través de la promoción en congresos, jornadas, revistas, RRSS, charlas, blogs, etc. Afirma que los tres pilares del crecimiento son la formación, la visibilidad y el apoyo.

 

En cuarto lugar, vino la que para mí fue la ponencia más completa y motivadora, la de Irene Vidal, cuyo título era El enfoque empresarial del traductor freelance. Comenzó describiendo el negocio de la traducción mediante una serie de conceptos clave: inversión, atención y fidelización de clientes, gestión y objetivos y planificación. Desarrolló estas ideas con todo tipo de detalle y proporcionó  consejos que muchas veces olvidamos y que marcan la diferencia. En resumidas cuentas, habló de invertir en formación, marketing y tecnología, de cuidar la atención que damos a nuestro cliente, mediante la imagen, la comunicación y la creatividad, de llevar una buena gestión mediante el registro de clientes y contactos, proyectos, presupuesto y control de facturación y también aconsejó guardar una parte de nuestro tiempo a la organización y a la planificación de nuevos objetivos. Como el resto de ponentes, hizo hincapié en que trabajar por cuenta ajena no es fácil, pero es sumamente gratificante.

 

Y tras esta charla tan inspirativa, viajamos con Gabriel Cabrera a la Antigua Grecia para conocer El calendario del traductor contribuyente. A través de la historia del personaje Ulises, en busca de su anhelada Penélope, Gabriel hizo un símil con los trámites fiscales de los traductores que se enfrentan a las temibles Hacienda y Seguridad Social. Gabriel nos enseñó la estructura que debe tener una factura y los formularios y declaraciones (tanto los del IVA como los del IRPF) que debemos entregar a lo largo del año. También nos dio algunos consejos en cuanto a asuntos legales, que nos servirán a más de uno. Por último, no puedo dejar de mencionar que las facturas que nos enseñó eran comestibles. En fin, una ponencia de lo más original y entretenida, a diferencia del tema que trataba ;)

 

Después de comer y también en la línea de los símiles viajeros, Alessio Demartis dio comienzo a su Vida de autónomos con un pequeño acertijo, que consistía en acertar qué representaba una barca en medio del océano. Muy acertada fue su comparación con la película La Vida de Pi, en la que el protagonista planta cara a numerosos problemas a los que se debe enfrentar en un entorno tan acechador como es el mar, que representa al mercado de la traducción. Por supuesto, la barca representa el emprendimiento. Su principal mensaje fue la motivación, con la frase “somos freelance”, lo que significa que podemos manejar a nuestro antojo herramientas tan poderosas como nuestro CV, entre otros. Hizo también un repaso de las distintas estrategias que tenemos para darnos a conocer, como las páginas web o el contacto con agencias de traducción.

 

La siguiente ponencia, Making your name in the translation industry, a cargo de Lloyd Bingham, nos animaba a abrir nuestro camino en el mercado de la traducción y a crear una marca personal propia. Para ello, enumeró las principales virtudes de un buen traductor: dar apoyo y buscar el apoyo en otras personas, ser interactivo, ser único, decidir qué reputación queremos tener y estar en constante aprendizaje. Por último, proporcionó ideas interesantes como, por ejemplo, escribir un ebook o asistir a eventos de traducción (este lo tenemos aprendido).

 

Para cerrar esta jornada traductológica, Scheherezade Surià, una de las ponentes más esperadas de la jornada, nos habló de los principales entresijos de la traducción literaria con todo lujo de detalles. El título de su charla ¿Cómo se traduce un libro? Da tus primeros pasos en el mundo editorial  ya dejaba entrever que nos iba a enseñar los pasos para llegar a traducir un libro con éxito. Además, nos contó anécdotas personales y nos desveló que su carta de presentación está escrita en forma de cuento.

 

Os dejo ahora con los tweets que he decidido destacar del evento:

 

@irene_vidal “A simple HELLO could lead to a MILLION things” #TraduEmprendeBCN

– Jennifer Cazorla

 

@irene_vidal “Visita de vez en cuando a tus clientes; no te quedes detrás del PC. Marcarás la diferencia” #traduemprende

– Alexandra Reguero

 

@irene_vidal La teva ponencia m’ha obert els ulls i crec que m’ha donat l’empenta que em faltava. Gràcies #Traduemprende

– Judit Izcara

 

@amaiaATICOmpany  Start-up: no vendes servicios ni marcas, vendes confianza.

– María Noqué

 

@tuitsdegrabriel is making the whirlwind of Spanish fiscal administration fun for the audience #Traduemprende

– Lloyd Bingham

 

El traductor tiene que aprender a venderse y a negociar (eso no te lo enseñan en la carrera) #traduemprende #xl8n

– Alessandra Vita

 

Catchy, straightforward and creative. Keys for a good logo brand #MakeYourNameXl8 #Traduemprende

– James Ruthven

 

Las pruebas de trad. literaria son de unas 2 o 3 páginas, máximo 6. #Traduemprende

– Ana Venzal

 

Hay muy poca gente que se dedique a la traducción literaria exclusivamente. Mejor, motores. #Traduemprende

– Merche García Lledó

*Foto publicada en Traduemprende BCN `13 Google Plus por Herminia P Prado

 

En definitiva, el evento fue una mezcla de entusiasmo, compañerismo, motivación y autenticidad. Gracias a los ponentes y a todas las personas que lo hicieron posible.

 

Para aquellos que quieran ver las ponencias al completo, pueden hacerlo visitando este enlace: TraduEmprende.

María Noqué Alcaide

Traductora

SeproTec Multilingual Solutions

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Los alumnos con discapacidad auditiva matriculados en la Universidad Complutense de Madrid, ya cuentan con un completo servicio de interpretación en lengua de signos prestado por SeproTec.

El Servicio, que comenzó la pasada semana, se compone de un equipo de intérpretes en lengua de signos que trabajan para garantizar la comunicación de los estudiantes con discapacidad auditiva. De esta forma y gracias al acuerdo entre la UCM y SeproTec, aumenta la accesibilidad en la formación superior de los alumnos sordos que cuentan con un apoyo que garantiza su comunicación.

Juan Julián León, Director Ejecutivo de SeproTec ha explicado la importancia que para la empresa, supone este colectivo: «Para nosotros, el colectivo sordo sigue siendo una de las principales prioridades. Llevamos varios años trabajando intensamente para garantizar su comunicación. A día de hoy, contamos con un equipo de más de 140 intérpretes de lengua de signos que trabajan en distintos campos, todos ellos fundamentales para la vida de las personas sordas: La educación, la cultura, la justicia y el ámbito laboral».

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Algunos miembros de la Federación de Personas Sordas de la Comunidad de Madrid (FeSorCam) entre los que se encontraba su presidenta, Concepción Rodríguez, visitaron el pasado 16 de enero las oficinas centrales de SeproTec. El objetivo era el de establecer un acuerdo de colaboración a medio y largo plazo que permita trabajar en la gestión conjunta de proyectos de interpretación en lengua de signos.

La Federación de Personas Sordas de la Comunidad de Madrid (FeSorCam), entidad declarada de Utilidad Pública, y en la que están integradas 8 Asociaciones de Personas Sordas de la Comunidad de Madrid, tiene por objetivos, la ejecución de políticas, servicios y actividades tendentes a la dignificación de las Personas Sordas, a su plena integración social en condiciones de igualdad de oportunidades, y a la eliminación de todas las barreras de comunicación (culturales, psicológicas y físicas) que impidan o menoscaben dicha integración social.

Por su parte, SeproTec sigue trabajando por garantizar la comunicación y educación de las personas sordas, colaborando intensamente tanto con instituciones públicas como con empresas privadas.

En la imagen: Juan Julián León, Director Ejecutivo de SeproTec; Iván Costa, Account Management, Sandra Pérez, Account Management; Concepción Rodríguez, Presidenta de FeSorCam; Carolina Calleja, Coordinadora de Interpretaciones de SeproTec; Rosa Moreno, Coordinadora del Departamento de ILSES de FeSorCam y Álvaro Salamanca, Responsable de Relaciones Institucionales de SeproTec.

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