Ayer se cumplió un mes y un día desde que comenzara la fase final de la Copa Mundial de la Fifa Brasil 2014, momento en el que SeproTec y la Fundéu publicaron la página multimedia Guía de pronunciación Brasil 2014.

La edición de la Guía, un compendio de 1.599 grabaciones de audio y 1.350 transcripciones fonológicas correspondientes a los 736 jugadores integrantes de las 32 selecciones finalistas (23 por selección), sus 32 técnicos, otras tantas federaciones nacionales y sus presidentes, la cincuentena de apelativos con los que se conoce a las selecciones, 33 árbitros y 24 emplazamientos, ha sido una empresa harto complicada que ha requerido de cientos de horas de trabajo por parte de un grupo de casi cincuenta profesionales entre intérpretes-locutores, técnicos de audio, informáticos, editores, diseñadores, documentalistas y coordinadores.

Puede que a alguien le sorprenda el número de intervinientes en la Guía, pero no hay que olvidar que se trata de una obra en la que se ha abordado un léxico muy particular, el de los caprichosos nombres propios, y nada menos que en 16 idiomas. Nombres, además, cuyas grafías pueden ser uniformes en los cinco continentes, pero no así sus pronunciaciones, que varían significativamente a gusto del consumidor. Y así lo hemos podido comprobar en casos como el del jugador colombiano James Rodríguez (/Jámes/, no /Yéims/), el del seleccionador argentino Alejandro Sabella (/Sabéla/, no /Sabéya/) o el de los hermanos Boateng (/Botáng/ el de la selección ghanesa y /Boaténg/ el de la alemana). Es decir, que no ha habido una referencia clara y distinta, basada en sus grafías, para determinar cómo había que pronunciar los nombres de los protagonistas, sino que en muchos casos ha habido que documentarse acudiendo a archivos sonoros o llamando a periodistas cercanos a los jugadores implicados. Y esto sin contar con que, aparte de los 16 idiomas mencionados, se ha trabajado con cinco variedades de inglés (Inglaterra, EE. UU., Australia, Ghana, Camerún y Nigeria), otras cinco de francés (Francia, Bélgica, Suiza, Costa de Marfil y Camerún), tres de alemán (Alemania, Suiza y Bélgica), dos de italiano (Italia y Suiza), dos de portugués (Portugal y Brasil) y dos de neerlandés (Holanda y Bélgica), variedades todas ellas que han sido escrupulosamente respetadas en la selección de locutores —todos ellos hablantes nativos de cada variedad— por parte del departamento de Producción de SeproTec.

Otro de los retos que hubo que afrontar en la elaboración de la Guía fue el que plantearon selecciones como las de Bélgica y Suiza, países donde se hablan tres idiomas oficiales y en los que, por lo tanto, dependiendo del cantón o departamento al que pertenezcan sus hinchas o los periodistas que hacen su seguimiento, los nombres de los jugadores se pronuncian de formas diferentes: a la francesa, a la alemana, a la neerlandesa o a la italiana. Y con el «agravante» de que un alto porcentaje de ambas plantillas tiene apellidos de origen africano, árabe, balcánico o latino. Puesto que se decidió transcribir los nombres de los jugadores tal como se pronuncian en los países a los que representan (ver Sobre la guía), no como en aquellos de los que son originarios (Khedira, por ejemplo, se pronuncia /Kedíra/ en Alemania, pero /Jéd-derá/ en Túnez, país de donde procede el apellido, y en la Guía nos decantamos por la forma alemana /Kedíra/), el problema estaba servido: mientras que en Bélgica los flamencos, de habla neerlandesa, se refieren a Vincent Kompany como /Vínsent Kompáni/, los valones, francófonos, lo llaman /Vansán Kompaní/. Y lo mismo sucede con, por ejemplo, Romelu Lukaku, Kevin Miralles, etc. en la selección belga, o con Philippe Senderos, Xherdan Shaqiri o Admir Mehmedi, entre otros, en la selección suiza. Finalmente, ante la imposibilidad de contactar con los propios jugadores para saber de primera mano cómo se hacen llamar, no hubo más remedio que buscar en internet archivos de audio de las televisiones suizas y belgas en los que se los entrevista o menciona. Y aun así, en ocasiones la elección tuvo que basarse en la estadística, pues dependiendo del medio en el que se los mencionase se les llamaba de una forma o de otra.

También fue especialmente complejo el tratamiento de los nombres procedentes de idiomas no latinos, como los de las selecciones argelina (árabe), coreana, iraní (farsi) o japonesa (no se mencionan la croata, la rusa y la bosnia por estar sus ligas integradas en las competiciones europeas, lo que hace que sus transliteraciones del cirílico al latino sean más uniformes y cuidadas, menos problemáticas). En estos casos se tuvo que trabajar con las transcripciones facilitadas por la Fifa en su página web, transcripciones que en muchos casos difieren notablemente de las que se pueden encontrar en los diferentes medios de comunicación e incluso en las webs de las federaciones nacionales que las facilitan. Tal circunstancia produjo en ocasiones la inseguridad de los intérpretes que tenían que locutar los nombres de los jugadores: las transliteraciones facilitadas por la Fifa, sobre todo las de aquellos jugadores con apellidos poco comunes en sus países de origen, desconocidos también por los propios intérpretes, dificultaban notablemente su labor, de modo que había que buscar otras transcripciones alternativas que pudieran complementar las de la Fifa y que les ayudaran a resolver el rompecabezas. Todo este proceso, lógicamente, consumió bastante tiempo de la edición y producción de la Guía.

Por último, tanto el llamado broken English de selecciones como la ghanesa o la nigeriana, con una fonética en muchos casos bastante alejada de la que se considerada canónica en inglés (si es que existe tal cosa…), como la arbitrariedad en la pronunciación de los apellidos no hispanos de muchos jugadores de selecciones hispanohablantes, supusieron una dificultad añadida. Así, en el caso del broken English de Ghana y de Nigeria nos encontramos con un «Harrison» que se pronuncia /Hárrisen/ (en lugar del previsible /Hárrison/), un «Nyantakyi» que hace /Iyántaki/ (no los esperados /Niántaki/ o /Naiántaki//) o un Ejide que hace /Áyide/, entre muchos otros casos, y pronunciaciones tan alejadas de lo esperado producen muchas dudas, que solo se despejan tras consultar vídeos y audios de diferentes medios en los que distintos periodistas nativos mencionan los nombres de esos jugadores. Y en el caso de los apellidos no hispanos de jugadores pertenecientes a selecciones que sí lo son, como pasa, por ejemplo, con Mascherano, que no hace /Maskeráno/ ni /Masheráno/, formas muy usadas entre los periodistas deportivos españoles, sino /Mascheráno/; con el costarricense Dave Myrie, que al contrario que en el caso de Mascherano sí se pronuncia en función de su origen anglosajón, /Déiv Máiri/, no /Dáve Mírie/, o con el colombiano James Rodríguez, cuyo nombre se lee por decisión propia y familiar /Jámes/, no /Yéims/, como ya hemos dicho más arriba, etc.; en estos casos, decía, solo acudiendo a los archivos de audio de los medios de sus respectivos países se puede determinar cómo hay que llamarlos. Solo después de estas comprobaciones fue posible grabar los audios (recordemos que no se hicieron transcripciones fonológicas de los nombres de las selecciones hispanas).

Todos estos retos, lejos de desanimarnos, nos hicieron trabajar en la Guía con más ahínco, si cabe, conscientes de que nuestra labor, que se revelaba más compleja de lo esperado, produciría también un servicio a la comunidad futbolística de un valor aún mayor de lo esperado. Todavía no disponemos de todos los datos de seguimiento que proporciona Google Analytics, pero sí sabemos que las consultas y los tuits sobre la Guía han sido masivos, especialmente los relacionados con las selecciones de Alemania, Holanda y Francia.

Y llegados a este punto —aquí es donde, quizá, debería aparecer un aviso del tipo «SeproTec no se hace responsable de las opiniones vertidas por sus colaboradores», porque voy a expresar una opinión muy personal—, tengo que decir que me ha sorprendido la aparente falta de interés y, en cierto sentido, de profesionalidad, de algunos prominentes comentaristas deportivos de la radio y la televisión españolas, que han demostrado en las retransmisiones o crónicas de los partidos no ya un absoluto desdén por la Guía de SeproTec y la Fundéu, algo perfectamente entendible (en el sentido de comprensible, justificable, no en el de inteligible —el único, curiosamente, recogido en el DRAE—) si tenemos en cuenta que hay a su alcance otras formas de conocer la pronunciación de los protagonistas del Mundial (YouTube, Forvo.com, archivos de radio y televisión, las webs de las televisiones de medio mundo…) y que uno es libre de elegir la que más le guste, sino porque han decidido dejarse llevar por la inercia de lo consuetudinario y no molestarse en contrastar (el verbo del periodismo por antonomasia) sus fuentes (¿realmente Thibaut Courtois se hace llamar /Tibú/, o se presenta como /Tibó/; ¿el apellido de Arjen Robben se pronuncia /Róben/ o /Robén/..?). Así, por ejemplo, en la final de anoche entre Alemania y Argentina me volvieron a salir sarpullidos al escuchar una vez más —y ya era la séptima— que quienes la retransmitían llamaban /Hogüédes/ o /Hagüédes/ a /Hévedes/ y /Yoákin Lov/ a /Yoájim Lef/… Pero, como dice el refrán, en el pecado llevan la penitencia, porque imagino que entre los miles de aficionados que han seguido los partidos del Mundial y que han sentido la sana curiosidad —y la sabia humildad— de consultar la Guía (u otros medios a sus alcance, insisto) se habrá producido un runrún de desaprobación hacia los profesionales que no se han molestado en hacerlo.

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

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Argentina y Alemania juegan la final: conozca los nombres de los 8 jugadores finalistas que peor se pronuncian:

SELECCIÓN

NOMBRE

Pron.  adecuada

Pron. incorrecta

ALEMANIA

Joachim LÖW

Yoájim Lef

Yóakim Lóv

ALEMANIA

Kevin Grosskreutz

Kévin Gruskróits

Kévin Groskróits

ALEMANIA

Benedikt Hoewedes

Bénedik Hévedes

Bénedik Howedes

ALEMANIA

Roman Weidenfeller

Róman Baidenféla

Róman Weidenféler

ARGENTINA

Alejandro Sabella

Alejandro Sabela

Alejandro Sabeya

ARGENTINA

Martín Demichelis

Martín Demichélis

Martín Demikélis

ARGENTINA

Ezequiel Lavezzi

Ezekiél Lavezi/Lavesi

Ezequiel Lavetsi

ARGENTINA

 Javier Mascherano

Javiér Mascheráno

       Javier Maskerano
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El pasado viernes, el Instituto de Estadística de Cataluña y la Dirección General de Política Lingüística Autonómica presentaron su estudio sobre los usos lingüísticos de población en Cataluña, en el que destaca el aumento del castellano como lengua habitual entre la población catalana.

El informe se basa en los datos cosechados durante el año 2013 y confirma el primer puesto del castellano como lengua inicial con un 55,1% frente al catalán que lo habla un 31% de la población como lengua habitual. Podemos apuntar que, dentro de este grupo, los ciudadanos usan el catalán para sus relaciones con la Administración Local en un 47,9% de los casos, mientras que no llega al 36% en su uso habitual con el comercio o con la Administración del Estado. Tan solo un 2,4% de la población hablan castellano y catalán indistintamente.

Los datos confirman que el castellano ha aumentado un 4,8% desde el año 2008, un crecimiento que se consolida a costa del catalán, que solo aumenta 0,7 puntos desde el mismo año; y es que, según el informe, el crecimiento del castellano se debe en parte al aumento de la inmigración en Cataluña, sobre todo de inmigrantes procedentes de América Latina con el español como lengua materna. El informe recuerda que, en 10 años, la población extranjera en Cataluña ha pasado del 9,3% al 17,5%, un dato a tener en cuenta a la hora de entender los cambios en el uso de las lenguas y en el aumento de otros idiomas como el árabe, el rumano o el bereber.

Otro dato curioso que desvela el informe, es el alto conocimiento que tiene la población catalana acerca del castellano. El 95% de ellos conoce perfectamente el idioma, tanto a la hora de hablar como de leer o escribir. Mascarell, consejero catalán de Cultura, quiso destacar en la presentación del informe que «el catalán sigue avanzando hacia la normalidad social», a pesar de la globalización y las nuevas formas lingüísticas que llegan a Cataluña y al resto de España. Así mismo, Mascarell añadió que estos datos consolidan «un modelo lingüístico plural y plurilingüe».

Respecto al conocimiento de otros idiomas, el inglés ha aumentado 6 puntos porcentuales en los últimos cinco años. De esta forma, en el año 2013, el 38,4% de la población entiende este idioma, el 31% lo puede hablar, el 34,7% sabe leerlo y solo el 30,6% está capacitado para escribirlo. Por grupos de edad, los más jóvenes (de 15 a 24 años) son los que tienen un nivel más elevado de este idioma, superando el 60% en todas las habilidades. Por el contrario, los grupos que demuestran un mayor grado de conocimiento del idioma francés, son los que se encuentran en una franja entre los 45 y los 64 años de edad, algo que demuestra el claro retroceso de este idioma en nuestro país.

 

Álvaro Salamanca

Responsable de Relaciones Institucionales

SeproTec Multilingual Solutions

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Hace unos días, a raíz de la publicación en el blog «Strambotic» (diario Publico) de un interesante artículo sobre el origen carcelario de muchas palabras coloquiales («Diez palabras muy dabuten surgidas en el talego que usas cada día»)[1] que venimos usando en España, principalmente entre la gente más joven, desde los años setenta, un amigo me puso en guardia sobre el mal uso que se hacía en el texto de la palabra interfecto. Hablando del curioso origen del verbo chinarse[2], decía el autor:

«Este cronistas escuchó recientemente en el aeropuerto de Barcelona a una joven de buen ver (de muy buen ver) manteniendo una conversación nada íntima con un interlocutor invisible: “¿Y por qué se ha chinado la Esther?”. Estuve tentado, pero no lo hice, de preguntar a la interfecta si su amiga se había “rajado la carne o las venas con un trozo de cristal en señal de protesta para lograr sus objetivos”…».

Efectivamente, si acudimos al Diccionario académico, vemos que recoge la siguiente definición de interfecto: ‘(Del lat. interfectus, part. pas. de interficio, matar). adj. Der. Dicho de una persona: Muerta violentamente, en especial si ha sido víctima de una acción delictiva’. Puesto que la interfecta del texto de Strambotic lejos de estar muerta, y menos aún de forma violenta —dada su apariencia, «de muy buen ver»—, estaba vivita y coleando, parece claro que lo que quiere decir el autor con la interfecta es la mencionada, la aludida, acepción no recogida por los académicos, pero ampliamente usada por los hablantes y los medios de comunicación.

Tanto es así que ha merecido la atención de la Asociación de Academias de la Lengua Española, que en su Diccionario panhispánico de dudas (DPD) advierte de que la voz interfecto, usada frecuentemente con intención humorística o despectiva en el habla coloquial con el sentido impropio de ‘individuo del que se está hablando’, ha de ser evitada.

Me temo, no obstante, dado el extendidísimo uso actual de interfecto con el sentido que la Academia considera censurable, y teniendo en cuenta que la mayor parte de diccionarios de uso del español, entre ellos el Clave y el María Moliner, recogen esta acepción, que los académicos tendrán que replantearse si siguen o no condenándolo. Los propios corpus académicos —el CORDE, el CREA y el CORPES XXI— dan buena muestra de la evolución progresiva de su uso, que a medida que avanzamos en el tiempo se decanta por la segunda acepción[3]. Ahora bien, nos (me) queda la duda del porqué de esta curiosa derivación de interfecto, que de significar ‘muerto de forma violenta’ ha pasado a ser ‘persona mencionada’, y además, cuando se alude a ella con intención humorística. Un humor, sin duda, muy negro…

Anexionar(se) no es apoderarse, sino incorporar, unir, agregar

En los últimos meses, a raíz del conflicto de Ucrania, y en especial el de Crimea, los medios de comunicación han sido muy pródigos en el uso del verbo anexionar. Así, hemos podido leer y oír —y aún seguimos haciéndolo, lamentablemente, pues el conflicto está lejos de solucionarse— noticias como: «16 diputados de la Duma estatal rusa registraron un proyecto por el que Rusia podría anexionarse de* Crimea», «Expertos de diversos países consideran que el presidente Putin no quiere anexionarse de* Ucrania, pero sí que en el país haya un Gobierno débil» o «Dimitri Medvedev ha llegado este domingo a la región ucraniana de Crimea —de* la que Rusia se ha anexionado— para una visita de dos días».

Pero ¿qué dice el Diccionario del verbo anexionar? Pues, además de aclarar que se trata de un verbo transitivo, indica que es ‘Unir o incorporar algo, especialmente un país o una parte de su territorio, a otro (sic)’. Por si hubiera alguna duda, que la hay, las Academias quisieron extenderse en su dictamen sobre anexionar en las páginas del DPD, donde se dice que «Lleva un complemento con a, que expresa aquello a lo que se agrega o incorpora lo designado por el complemento directo: “Poco después de que Hitler anexionara Austria al Reich alemán, Gödel perdió su puesto”», y añade que «Se usa a menudo en forma pronominal: “Italia se anexionaba los territorios de Trento e Istria”».

Es decir, que tanto si se usa como pronominal (anexionarse, se anexiona) como si no (anexionar, anexiona), nunca lleva de para introducir el complemento, sino a. Se anexiona algo a algo, normalmente un territorio a otro, o alguien anexiona algo, pero ese alguien o ese algo no se anexionan de dicho territorio, simplemente lo anexionan o se lo anexionan. Así, en los ejemplos mencionados más arriba, lo apropiado habría sido escribir: «16 diputados de la Duma estatal rusa registraron un proyecto por el que Rusia podría anexionarse Crimea», «Expertos de diversos países consideran que el presidente Putin no quiere anexionarse Ucrania…» y «Dimitri Medvédev ha llegado este domingo a la región ucraniana de Crimea —que Rusia se ha anexionado— para una visita de dos días».

Es muy probable que esta confusión en el régimen preposicional del verbo anexionar(se) proceda de su identificación con el verbo pronominal apoderarse, que, sí rige su complemento con de (el sujeto no se apodera algo, sino de algo). En muchos casos, para evitarlo, se puede sustituir anexionarse por incorporar y ver el resultado, que será palmario: si cambiamos «Rusia se anexiona de* Crimea» por «Rusia incorpora de* Crimea» veremos de inmediato que la construcción es errónea.

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec



[1] Hay un excelente glosario de la jerigonza juvenil española en la Wikilengua del español.

[2] Parece ser que chinarse, ‘autolesionarse haciéndose cortes en el cuerpo’, ‘cortarse las venas’, proviene de ‘hacerse el haraquiri’, lo que hacen los chinos japoneses

[3] Sobre la evolución de muchos términos españoles que han cambiado de significado, ver el fantástico artículo de mi excompañero de la Fundéu Federico Romero (DEP) titulado «Pero qué le estáis haciendo a “mis” palabras», una verdadera joya que nadie debería perderse…

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No por falta de ganas, sino por falta de tiempo, escribo ahora, con un poquito de demora, esta reseña sobre el V Congreso Internacional Esletra que se celebró hace poco menos de un mes en Nueva York. El póster, magníficamente diseñado por Jesús Zurita, muestra con mucha visión lo que podría –o mejor,  debería– ser el panorama lingüístico a medio y largo plazo en los Estados Unidos y en el resto del mundo. Hay que ser optimistas, jaja, con el permiso del chino, por supuesto, una posible cohabitación entre el inglés y el español como las lenguas más importantes del planeta.

El congreso de ESLETRA es el primer congreso especializado en el español como lengua de traducción que se ha celebrado en Estados Unidos, en la magnífica sede que tiene el Instituto Cervantes en la Gran Manzana y que ha sido brillantemente organizado por nuestras compañeras de Tremédica Cristina Márquez, Bertha Gutiérrez, Carmen Hurtado, Lida Barbeta, y alguno más que me dejo (lo siento).

Durante los días 23 y 24 de abril, y para ir haciendo boca, se pudo asistir y disfrutar de unos talleres precongreso que fueron impartidos por Fernando Navarro, Bertha Gutiérrez Rodilla y Gonzalo Claros y que SeproTec, junto con la Fundación Lilly tuvo también el honor de patrocinar.

Luego ya, entrando en el congreso propiamente dicho, que se celebro los días 25 y 26 de abril, señalar que contó nada menos que con la presencia de Miguel Sáenz, traductor y miembro de la Real Academia Española de la Lengua. Cabe señalar también la presencia de Fernando Navarro al que le fue entregado el III Premio Esletra al finalizar el congreso. Entre el resto de ponentes pudimos asistir a exposiciones de diversos traductores, docentes y miembros, entre otros, del Consejo de la Unión Europea, Naciones Unidas, Instituto Cervantes, Comisión Europea, TIPO, Academia Norteamericana de la Lengua, etc. De estas sesiones he podido extraer y visualizar un retrato del momento que vive el español en el mundo de la traducción: situación actual y, sobre todo, situación frente a la lingua franca que impera en la actualidad.

En cuanto a las actividades “no académicas” –ya sabéis, corrillos entre las diversas sesiones, cafés, cena final–, la verdad es fueron muy cordiales y, como siempre, amenas y sumamente positivas; en ellas siempre tienes la oportunidad de conocer compañeros de profesión con inquietudes similares y charlar sobre los aspectos profesionales que todos compartimos.

Bueno para no ser pesado, os dejo el enlace del programa para que al que le interese pueda digerirlo tranquilamente.

http://www.esletra.info/index.php/es/

http://www.medtrad.org/jornadas-conferencias/index.html

Paco Martín

SeproTec Multilingual Solutions

 

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¿Te imaginas a un compañero de facultad con el que te cruzas cuando acaba de salir del despacho de un profesor y te dice: «No te lo vas a creer, pero he conseguido sacarle al Vítguestain la prenota del examen de Filosofía del Lenguaje»? ¿Qué pensarías que quiere decir? Probablemente, si sabes italiano (¡qué malo es saber!…), que se trata de que el profesor le ha reservado una fecha especial para que repita el examen (prenotazione, que significa ‘reserva’ en italiano —por ejemplo, de un hotel—, suele abreviarse como prenota). Aunque lo más normal es que sueltes un ¿lo qué? o un prewhat? que se oiga en todo el campus. Pero eso sí, luego, ya más tranquilo, la unión de don Contexto y doña Imaginación seguramente te harán entender que se trata de la nota provisional que el Vitgues tiene en mente para calificar el examen de tu compañero, que a partir de ese momento será conocido, muy probablemente, como el Prenotas.

 

Bueno, pues a mí y a mi amigo Paco Galván, que como escritor —fantástico— es un atleta de la palabra (gracias, por cierto, por esta bella definición, Paco Muñoz) y, por ello, muy fiable a la hora de detectar o de intuir los usos sospechosos o irregulares de nuestra lengua, nos ha pasado algo muy parecido cuando nos hemos topado con el «posneologismo» prelista, presente en prácticamente todos los medios deportivos españoles desde la semana pasada, cuando los técnicos de las 32 selecciones que jugarán el Mundial de Brasil desvelaron las listas de sus 30 elegidos para la gloria.

 

¿Prelista? —nos preguntamos— ¿Y eso qué quiere decir? ¿Que  no llega a lista? Acaso, ¿que se queda en espabilada? Pero entonces, ¿qué sentido tiene anunciar a bombo y platillo que Del Bosque ha desvelado la espabilada de España? No es su función y, además, habría serias discusiones a la hora de decidir quién es, por antonomasia, la Espabilada de España (a mí, por ejemplo, se me ocurren varias…). De modo que por ahí no íbamos bien. No había duda, entonces, de que los periódicos se referían a otro tipo de prelista, y esta no podía se otra que la relación previa, provisional, de jugadores elegidos por el míster para representar a nuestro país en la Copa Mundial de Fútbol de Brasil.

 

A partir de aquí surgieron otras preguntas: ¿es apropiado el término?, ¿respeta las reglas de construcción de palabras en español?, ¿responde a lo que se quiere significar con él?, ¿hay alguna alternativa clara y concisa?… Pero, sobre todo, ¿por qué se han puesto de acuerdo prácticamente todos los periodistas deportivos en llamar a esta lista provisional prelista, con lo fea que es la palabreja? Ya puestos, podrían haber elegido antelista, por ejemplo. Al fin y al cabo, el elemento compositivo ante- también expresa anterioridad en el tiempo o en el espacio, como demuestra un término tan asentado como anteproyecto

 

¿Pero qué dice la Ortografía del prefijo pre-? Pues no mucho; tan solo que aporta una noción de ‘anterioridad en el espacio o en el tiempo’ a la base léxica a la que afecta. Bueno, y que es uno de los más productivos en español (¡voto a bríos que lo es, a juzgar por la facilidad con la que se echa mano de él!), aunque comparte su fertilidad con otros 40 prefijos, entre los que se encuentran algunos tan tortuosos como ex- (¿quién no ha dudado a la hora de escribir, por ejemplo, ex director general* o exdirector general; exBeatle* o ex-Beatle o, ya para nota, exxilofonista* o exilofonista, desde que se publicó la Ortografía en el 2010?) y otros tan maltratados como super- (sigue siendo demasiado habitual ver escrito super veloz* —o, aun peor, súper veloz*— por superveloz; super listo* por superlisto, o escribir super, sin tilde, para referirse a la gasolina súper o al súper del barrio). Pero volviendo al sentido básico otorgado a los sustantivos formadas con el afijo pre- que denotan una anterioridad temporal, que sería el caso de las sospechosas prelistas, la OLE cita los siguientes ejemplos: precampaña, premamá y Prepirineo.

 

Al analizarlos comprobamos que las precampañas no son campañas propiamente dichas, que las premamás no son aún mamás y que el Prepirineo no es el Pirineo. Sin embargo, parece claro que las llamadas prelistas, ya sean de deportistas, de candidatos a unas elecciones o de éxitos musicales, SÍ son listas, y esto nos debería hacer sospechar que algo no funciona. Podríamos decir en contra de este argumento que un prejubilado sí es un jubilado y que un precontrato es un contrato, pero mientras que jubilado y contrato son derivaciones de verbos, jubilar y contratar, respectivamente, ni campañas ni mamás ni Pirineo lo son. Así, mientras que sí parece admisible hablar de prerrelación de jugadores o de jugadores preseleccionados, pues tanto relación como selección provienen de los verbos relacionar y seleccionar, optar por prelista implica decir que no es una lista, sino lo anterior, es decir, un borrador o bosquejo de lista: una lista provisional, que es, desde mi punto de vista, la forma más apropiada de referirse a ellas. De aceptar prelista con el significado de ‘lista previa’ también tendríamos que aceptar, por ejemplo, prebocadillo de jamón para referirnos al plato en el que ponemos el pernil junto a la barra de pan ya abierta, con su chorrito de aceite en la miga y todo.

 

De modo que se podría decir que el prefijo pre- aplicado a sustantivos a los que se quiere dotar de una noción de anterioridad en el tiempo solo es apropiado cuando dichos sustantivos denotan la acción de un verbo, el verbo matriz del que derivan. Es probable, no obstante, que una lectura más atenta y pausada que la mía de la Gramática académica dé al traste con este argumento. Confieso que he ojeado su apartado sobre la prefijación (extraordinario) sin que apenas nada de lo leído me haya servido para establecer mi razonamiento. Pero resulta sintomático, por ejemplo, que en ninguno de los corpus de referencia del español que he consultado, ni en los tres de la RAE que cité recientemente en el artículo Agradezco que me regales peces… ni en los dos que olvidé mencionar —el de Mark Davis, magnífico, y el Nuevo diccionario histórico del español (CDH) de la RAE, espectacular (gracias, Conchi Polo, por recordármelo en los comentarios al artículo)—, aparece un solo resultado de prelista. Parece, por tanto, que es un término acuñado muy recientemente, aunque con un poder viral fuera de lo común, al menos en el deporte.

 

En fin, como dice un profesor de lengua a sus alumnos en una viñeta que cayó en mis manos recientemente: «Estudiar el lenguaje en sí no se puede, porque el lenguaje es un desmadre de la hostia. Pero no me pongan eso en el parcial. Pongan, qué se yo, que es multiforme y heteróclito»…

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

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Estas últimas semanas se han prodigado en los periódicos, blogs y webs de toda la geografía hispanohablante reseñas o referencias al libro de María Irazusta Las 101 cagadas del español, que como el lector sabrá, hace un interesante recorrido por las múltiples curiosidades de nuestro idioma, sus palabras moribundas (agónico adjetivo recuperado y popularizado por Álex Grijelmo y Pilar G.ª Moutón gracias a su libro Palabras moribundas y que, irónicamente, el DRAE recomienda aplicar solo a personas…), la evolución del significado de algunos términos y expresiones, su etimología y, cómo no, los errores y tropelías que cometemos por desconocimiento, pereza, comodidad o pura desidia.

Y sobre esto último, sobre los errores y usos inapropiados más enquistados en nuestro idioma, principalmente por parte de los medios de comunicación, que es donde más chirrían, es sobre lo que versa este artículo. Para ello he tenido en cuenta tanto mi experiencia en la Fundéu, en la que he experimentado en muchas ocasiones la impotencia de ver cómo ciertos errores se repiten hasta la extenuación, a pesar de nuestras recomendaciones (y de los dictámenes de la Santa Madre RAE), como mi propia veteranía en la lectura atenta —a veces un poco neurótica, lo confieso— de todo tipo de periódicos, revistas y medios sociales.

Pero antes de abordar esos usos cerriles de nuestra lengua he querido cerciorarme de lo que se dice en los diccionarios de la palabra cagada, parte fundamental del título del libro, ya que su uso figurado puede resultar bastante polisémico, al menos para mí, que al oírla, dependiendo del contexto, me puede sugerir suerte («Vaya cagada de gol»), metedura de pata («Ayer le dije a mi mujer que había engordado. Menuda cagada…», error («En el ejercicio 5 del examen se me escapó una cagada de escándalo» y chapuza («Esa pintura que te han puesto es una cagada»), y he aquí lo que he encontrado:

DRAE y DICCIONARIO ESENCIAL (RAE): (2. f. coloq, malson). ‘Resultado muy insatisfactorio de algo en relación con lo que se pretende o se espera’.

Me temo que el sinónimo más cercano de esta acepción sería chapuza, y no creo, por tanto, que encajara en el título del libro: nadie consideraría que un título como Las 101 chapuzas del español aludiera a nuestra lengua; más bien a esa leyenda negra de nuestra idiosincrasia que aún circula por algunos países de Europa…

CLAVE: (3. vulg.). ‘Lo que se considera de mala calidad o de poco valor.  Ese cuadro es una cagada y no podrá venderlo tan caro.

Tampoco parece que esta acepción, cuyo sinónimo vulgar más cercano podría ser birria, caca, sea pertinente como sustituto de cagada: un título como Las 101 birrias (o cacas) del español probablemente nos llevaría a pensar que esa cifra se queda corta (lamentablemente, hay muchos más moharrachos que nos representan…).

MARÍA MOLINER: (2. vulg.). ‘Error grave, acción muy desafortunada’.

Bueno, pues tampoco es para tanto; no diría yo que esas cagadas se puedan considerar errores garrafales. De hecho, podríamos decir que son pecados veniales; alguna, incluso, bastante justificable, como veremos más adelante.

WORDREFERENCE: (col.). ‘Cosa o situación que resulta cuando se actúa sin cuidado o con torpeza: ese libro es una cagada.

Por fin la definición que, desde mi punto de vista, mejor encaja con el sentido que la autora pretende dar a la palabra cagada en el título del libro: Las 101 negligencias (o disparates) del español.

Así que ya, más tranquilo, paso a enunciar la relación de las 10 cagadas más habituales e irreducibles del español que vengo apreciando en los últimos años, muchas de ellas en foros en los que sería más que recomendable su erradicación. Veremos, no obstante, que en algunos casos la batalla está perdida, bien por el profundo enraizamiento de la cagada en los hablantes, bien porque se non è vero è ben trovato, es decir, porque nos resulta mucho más cómodo y breve usar la forma censurada que las alterativas académicamente admitidas. Bueno, al lío…:

  1. en torno y entorno («Entorno* al 78 % de los parados de larga duración mueren más jóvenes»): La locución en torno significa ‘acerca (de)’, ‘alrededor (de)’, ‘en relación (con)’ o ‘aproximadamente’, y se escribe en dos palabras, mientras que el sustantivo entorno, escrito en una sola palabra, significa ‘ambiente, lo que rodea’. Se trata de un caso de cagada grave pues considero que es fácilmente evitable.
  2. adolecer no es carecer, sino padecer («El hospital adolece* de unas instalaciones adecuadas»): Se adolece de lo que se sufre, por ejemplo, de una enfermedad, de modo que en el ejemplo del hospital, lo que en realidad se está diciendo es que el centro sanitario padece el problema de disponer de unas instalaciones adecuadas, algo carente de toda lógica. Me temo que, en cierto modo, se trata de una cagada de postureo
  3. cesar no es destituir («El ministro de Educación ha sido cesado*»): Al igual que el viento cesa de soplar, las personas cesan en su empleo; lo dejan, forzadas o voluntariamente, pero no son cesadas. El verbo cesar es intransitivo (se construye sin complemento directo, como nacer, morir, correr…) en todas sus acepciones, de modo que, al igual que no se nos ocurre decir que el viento ha sido cesado para indicar que ha dejado de soplar, tampoco debemos decir que alguien ha sido cesado cuando deja de ejercer un trabajo. Para indicar que alguien ha sido obligado a dejar su empleo tenemos otros verbos, como destituir, relevar o despedir (ha sido despedido, lo han destituido, fue relevado…). Hay que aclarar, no obstante, que dado el extendidísimo uso transitivo de cesar (‘hacer que alguien cese’), la Gramática ha acabado por no censurarlo, aunque recomienda claramente evitarlo. Podemos decir, por tanto, que la cagada cesar por destituir ha sido reciclada y es ya solo una cagadita
  4. efectivos, como tropas, no es un término contable («Cerca de 500 efectivos* intervendrán en la seguridad del Mundial»): El Diccionario panhispánico de dudas deja muy claro el significado y uso correcto de efectivo: «Se usa siempre en plural [efectivos] con el sentido de ‘totalidad de las fuerzas militares o similares [policías, bomberos, sanitarios…] que se hallan bajo un solo mando o reciben una misión conjunta», y añade a continuación «De los usos sustantivos indicados ha surgido el empleo incorrecto del singular efectivo con el sentido de ‘individuo componente de un efectivo’ (…). En estos casos deben emplearse sustantivos más concretos, como policía, soldado, etc.». Bueno, pues aquí tenemos uno de esos casos, probablemente el más paradigmático, del se non è vero è ben trovato. ¿Por qué? Muy sencillo: porque a un periodista le resulta mucho más cómodo decir «Más de dos mil efectivos se ocuparán de la visita del papa» que «Cerca de setecientos policías municipales, unos trescientos guardias civiles, una dotación de doscientos bomberos y alrededor de ochocientos médicos y enfermeros se ocuparán de la visita del papa». A diferencia del término tropas, que asociamos de inmediato al Ejército, efectivos puede referirse a militares, policías, bomberos, sanitarios, voluntarios, etc., de modo que convertirlo en sustantivo contable es una cuestión de economía del lenguaje, algo muy difícil de combatir. Así, me temo que se trata de un uso que está aquí para quedarse, una cagada plenamente reciclada…
  5. en primera persona en lugar de en persona («Fue un episodio que viví en primera persona*»): La locución en primera persona se usa en el ámbito de la narrativa para referirse a una forma de contar una historia en la que es el propio autor el que nos habla. Se trata, así, de un uso gramatical de primera persona (del singular o del plural): ‘La que designa, en el discurso, a quien habla’. Para referirnos a aquello que hacemos o vivimos por nosotros mismos o en lo que estamos presentes, el giro apropiado es en persona. En este caso podemos decir que nos enfrentamos a una cagada ilustrada.
  6. doméstico por nacional («Los vuelos domésticos* bajarán sus precios este verano»; «El Financial Times no suele inmiscuirse en la política doméstica* de cada país»): En español, doméstico alude siempre a ‘aquello perteneciente o relativo a la casa u hogar’, no a lo nacional o del interior. Este uso de doméstico es un calco absoluto del inglés, idioma en el qué sí significa ‘nacional, interno’. Se trata, así, de una cagada mundana, que denota cierto postureo y que conviene evita por ser absolutamente innecesaria.
  7. favoritismo no es condición de favorito («Armenia y Suecia confirman su favoritismo* y pasan a la final»: El DRAE define favoritismo como ‘Preferencia dada al favor sobre el mérito o la equidad, especialmente cuando aquella es habitual o predominante’, es decir que se trata de un concepto negativo, centrado en la arbitrariedad más o menos espuria de una decisión. Nada que ver, por tanto, con las connotaciones de condición de favorito, la ‘condición de la persona, animal o entidad a que se atribuye la mayor probabilidad de ganar en una competición’. Se trata de una de las cagadas, en el sentido más literal, del español, y sin embargo se muestra cada día más irreducible. Pruebe el lector a cambiar favoritismo por ventaja en todos los casos en que encuentre la cagada y comprenderá su futilidad.
  8. sendos no es lo mismo que ambos («El resultado fue de 2-0 y el delantero marcó sendos* goles»): Sendos significa ‘Uno para cada una de las personas o cosas mencionadas’, es decir, tiene un sentido distributivo, mientras que ambos significa ‘El uno y el otro, los dos’ (de ahí que la expresión ambos dos sea un pleonasmo absolutamente estéril); como se ve, se trata de adjetivos muy diferentes. En el ejemplo mencionado más arriba lo correcto, por tanto, hubiera sido escribir que el delantero marcó ambos goles, no sendos goles. Sendos, por ese carácter distributivo que lo distingue, solo se ha de utilizar cuando son dos o mas las personas y las cosas que se distribuyen: «Los tres hermanos se repartieron sendas casas en la playa». Nos enfrentamos, por tanto, a lo que podríamos llamar una cagada mental
  9. hacer acto de presencia, locución solo aplicable a personas: («El verano ha hecho acto de presencia* mucho antes de lo esperado»; «): La expresión hacer acto de presencia implica siempre una intención o voluntad, por lo que no es apropiado utilizarla con cosas. De modo que ni el verano ni la noche o la enfermedad, por ejemplo, pueden hacer acto de presencia. Por otro lado, el DRAE define la expresión acto de presencia como ‘Asistencia breve y puramente formularia a una reunión o ceremonia’, lo que nos podría hacer pensar que una frase como «El ministro hizo acto de presencia a las cuatro de la tarde y permaneció reunido hasta el anochecer» es inapropiada (si se trataba de una aparición fugaz y meramente protocolaria, ¿cómo es posible que permaneciera durante horas?). Sin embargo, el Diccionario también recoge la expresión hacer acto de presencia como sinónimo de aparecer, verbo que no limita el tiempo de permanencia de quien aparece. De modo que si utilizamos este verbo en la frase anterior, «El ministro apareció a las cuatro de la tarde y permaneció reunido hasta el anochecer», nihil obstat… Estamos, por tanto, en este segundo caso, ante una cagada misteriosa, una posible cagada que, de serlo, se debe a una redacción defectuosa del Diccionario académico.
  10. muy muy se escribe sin coma («Es muy, muy* importante que vengas mañana»): El uso de la coma en las llamadas reduplicaciones enfáticas, como el caso de muy muy, café café, tanto tanto, etc., ha de ser evitado, tal como recoge la Ortografía académica en el punto a) del apartado «Otros contextos de uso de coma» (ver enlace). Así, la frase del ejemplo debería ir sin la coma entre los dos muy. Igualmente, escribiremos «Me gusta el café café, y que esté muy muy cargado», «Es tan tan cariñoso que resulta pesado», etc. Estamos, pues, ante una cagada sumamente técnica…

Como se puede ver, las cagadas del idioma son del más variado jaez. Afortunadamente, gracias a internet, cada día resulta más fácil identificarlas, contrastarlas y, en su caso, corregirlas. También para los propios académicos. Seguimos en ello…

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

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No podemos negar el enorme valor de instituciones como la Fundéu o la RAE, que resuelven nuestras dudas lingüísticas a golpe de una simple llamada telefónica o de un correo electrónico, y «gratis total» o, lo que es lo mismo, «por cero euros». El problema es que nos volvemos perezosos y, peor aún, no aprendemos prácticamente nada. Si acaso, despejaremos alguna duda que, dependiendo de nuestra memoria, volverá o no a presentarse.

Pero es que, además, considerando la gran cantidad de fuentes en línea (¿por qué será que este en línea no logra desplazar al omnipresente online…?) a las que podemos acceder en nuestros días, también de baracalofi, la tarea de investigar la propiedad, validez, oportunidad o tradición de una voz o de una estructura sintáctica puede resultar apasionante.

Veamos de qué herramientas disponemos y su jerarquía a la hora de consultarlas. Hay que tener en cuenta que estas son las herramientas que usa la propia Fundéu para dar respuesta a más del 90 % de las consultas que recibe y para redactar un porcentaje similar de sus recomendaciones.

En primer lugar, como no podría ser de otra forma, está el Diccionario académico, el famoso DRAE, que por ser el Diccionario por antonomasia, el diccionario de los diccionarios, se puede escribir con mayúscula y en letra redonda (no pasa lo mismo si nos referimos a él con su título completo, Diccionario de la lengua española, en cuyo caso sí irá en cursiva y solo con la inicial mayúscula en Diccionario, como dicta la Ortografía —otro caso de uso antonomástico, por cierto— para los títulos de obras de creación). Lo aconsejable es acudir a él en primer lugar cuando se presenta una palabra o locución que desconocemos o de cuya grafía dudamos.

Es importante tener en cuenta que muchas voces contenidas en el DRAE incluyen la llamada «Artículo enmendado», con un atinado color rojo de fondo para que no se nos pase desapercibida. En tal caso, de lo que se nos está advirtiendo es de que en la próxima edición del Diccionario, la vigésima tercera (o vigesimotercera, que ambas formas son correctas), que saldrá en papel (y no entiendo por qué, teniendo en cuenta su grado de obsolescencia) el próximo mes de octubre, alguna de las acepciones de dichas voces ha cambiado, de modo que es fundamental tenerlo en cuenta y pinchar en el enlace para saber la evolución del dictamen académico.

Pero habrá casos en los que el Diccionario no nos dará la respuesta que buscamos, o al menos, con el detalle deseado. Puede sucedernos con las dudas ortográficas, gramaticales, toponímicas o relacionadas con los extranjerismos y neologismos dudosos, entre otras. En tal caso disponemos, en mi opinión, de uno de los mejores diccionarios electrónicos de dudas jamás publicado: el Diccionario panhispánico de dudas (DPD) de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE).

En él podemos encontrar, además de la respuesta a las dudas mencionadas más arriba, otras muchas relacionadas con el uso de mayúsculas y minúsculas; la escritura y uso de abreviaturas, siglas y símbolos; las concordancias verbales y nominales; el uso de la tilde; el tratamiento de los topónimos; la escritura y el uso de los numerales, y un largo etcétera. Además, incluye 5 apéndices de una extraordinaria utilidad, como son el de países y capitales del mundo, con sus gentilicios; el de abreviaturas o el de símbolos y signos que se pueden o no alfabetizar, entre otros.

De modo que cuando queramos consultar dudas gramaticales, léxicas complejas, ortográficas y ortotipográficas, nada mejor que empezar por el DPD.

Pero puesto que este superdiccionario de dudas, publicado ya hace nueve años (2005), se encuentra en periodo de adaptación a la Nueva gramática de la lengua española (2009) y a la Ortografía de la lengua española (2010), ambas en línea y de acceso gratuito desde hace casi dos años y que, como indican sus fechas de publicación, son posteriores a aquel e incluyen cambios no recogidos en el DPD, es conveniente acudir a ellas para contrastar las informaciones que consideremos más dudosas o sobre las que deseemos obtener un mayor detalle.

Y si nuestra duda tiene que ver con el español de América, disponemos, también en internet, en la página de la ASALE, del completísimo —más de 70.000 entradas— Diccionario de americanismos, en el que podemos contrastar el uso y, por tanto, la conveniencia o no de utilizar miles de vocablos habituales en los distintos países de Hispanoamérica. Para hacerse una idea de su importancia, baste con decir que sobre este diccionario se apoyó la Fundéu BBVA para elaborar la recomendación del término escrache, elegida palabra del año en el 2013 por la propia Fundación.

Para concluir con los múltiples recursos que nos ofrece la página electrónica de las Academias, no podemos olvidarnos de su banco de datos, en el que se encuentran disponibles tres corpus de gran utilidad para conocer diacrónicamente los usos contextualizados del léxico español: el Corpus Diacrónico del Español (CORDE), el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) y el Corpus del Español del Siglo XXI (CORPES XXI). El primero recoge 250 millones de registros, desde las primeras referencias escritas en castellano hasta textos del año 1975, la mayoría provenientes de la literatura, el ensayo, el teatro y la poesía. El CREA recoge más de 160 millones de registros, escritos y orales, en este caso recogidos en su mayor parte de medios de comunicación españoles e hispanoamericanos fechados entre los años 1975 y 2004. Y el CORPES XXI, en construcción, aunque ya accesible para su consulta, ya dispone de más de 160 millones de registros producidos desde 2004 hasta nuestros días, y su intención es publicar 25 millones de entradas por año.

En muchas ocasiones estos corpus resultan de gran ayuda, en especial cuando dudamos de si una expresión es tradicional en español o se trata de un calco semántico o sintáctico (normalmente del francés o del inglés), pero también para conocer el significado y características de palabras, expresiones y construcciones a partir de los usos reales registrados. Sea como fuere, puede incluso resultar un fantástico entretenimiento si te gustan las palabras…

Otros diccionario de español-español de prestigio y disponibles en la red de forma gratuita son el Clave, de SM; el María Moliner en línea (es una versión desactualizada, pero aun así, de gran utilidad) y el de Wordreference, principalmente por sus utilísimos foros y por su completísimo apartado de sinónimos y antónimos del español (y también del inglés).

En cuanto a los recursos más fiables para resolver dudas toponímicas, más allá del apéndice sobre países, capitales y sus gentilicios del DPD, mencionado más arriba (la Ortografía tiene otro más actualizado, pero desgraciadamente solo se ofrece en la edición en papel), cabe destacar el Libro de estilo interinstitucional de la UE, que incluye una actualizada y completísima lista de Estados, territorios y monedas del mundo consensuada con la RAE y con el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España. Otra referencia extraordinaria, aunque pueda resultar algo chocante, es The World Factbook de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana, la temible CIA, en el que se ofrece una amplísima información, actualizada semanalmente, de todos los países y regiones del mundo. Más allá de su interés intrínseco para conocer la geografía, demografía, economía, régimen político o militar de prácticamente todas los países del mundo, puede resulta de gran ayuda para investigar sobre toponimia internacional. Por último, but not least, está la página de la ONU titulada Estados miembros de las Naciones Unidas, en la que se ofrece una amplia información de sus 192 Estados miembros mediante enlaces a las webs compartidas por la ONU con cada Gobierno. Un filón para conocer de primera mano la toponimia oficial de prácticamente todos los rincones del mundo.

En otro artículo abordaré las referencias más fiables y prácticas, desde mi punto de vista, para acometer traducciones equilibradas, precisas, documentadas y razonables del enorme caudal de angloneologismos que se publican a diario en los medios de comunicación y cuyas correspondencias en español resultan en la mayoría de las ocasiones muy complicadas.

De momento, y para hacer más grata la espera, os paso el enlace a una web con las mejores páginas de descarga gratuita y legal de libros (incluyendo libros de texto y manuales de referencia): http://armakdeodelot.blogspot.com.es/2014/01/absolutamente-todos-los-sitios-donde.html. ¡Que la disfrutéis!

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

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«Viajar en business, en un vuelo “doméstico” pagado en cash, y tener que alojarse en una motorhome o en un bungalow».

Parece mentira que en España, donde presumimos de haberle arrebatado a China el tercer puesto como destino turístico internacional (60,6 millones de turistas extranjeros recibimos el año pasado, frente a los 57,4 M que acogió el gigante asiático), solo por debajo de Francia, con 83 M de turistas, y de los EE. UU., con 67 M, el lenguaje del turismo siga tan atestado de anglicismos crudos.

Siendo como es nuestro país una de las principales plataformas de I+D+i para los técnicos de la Organización Mundial de Turismo, su campo de pruebas, de investigación, de innovación; un destino que ofrece respuestas a las nuevas necesidades y retos del sector a escala mundial; que ocupa a 2,5 millones de trabajadores, es decir, a más del 20 % de la población activa española (16,8 M, según la última EPA); que celebra anualmente la segunda feria mundial de turismo, Fitur, y que ha exportado léxico como paella, tortilla, tapa, siesta, sangría, flamenco, señor, torero, fiesta, ruedo, gazpacho, etc., a todos los rincones del planeta…, siendo un país así, decía, seguimos, sin embargo, ofreciendo una imagen tercermundista en lo concerniente a la promoción de nuestro idioma, que ignoramos, poniéndolo a los pies del inglés.

España, así, resulta un país acomplejado de su propia lengua, que no solo subestima como vehículo de comunicación con el mundo exterior, sino también entre sus propios ciudadanos, que insisten en desdeñarla en ámbitos en los que se piensa que el inglés es más chic, más distinguido. Porque es lícito pensar que en ámbitos como la ciencia o las nuevas tecnologías el inglés resulta más preciso; al fin y al cabo son los países anglosajones, principalmente los EE. UU., los que inventan, de modo que tienen ventaja a la hora de fijar sus propios referentes léxicos, que gozan de una especificad inalcanzable en otros idiomas, al menos hasta que esos inventos se popularizan, se entienden en toda su dimensión y, por consiguiente, se interiorizan, que es cuando pasan a ser traducidos y quedan asentados.

Pero en el caso del turismo no podemos pensar sino que se trata de un mero postureo[1]. Salvo rarísimas excepciones —como por ejemplo suite, aunque ya ha sido incorporada a la nueva edición del DRAE, donde aparecerá en redonda con el significado de ‘En los hoteles, conjunto de sala, alcoba y cuarto de baño’—, la mayor parte de los anglicismos usados en el sector del turismo tienen correspondencias inequívocas en español.

Veamos a continuación, para comprobarlo, una lista de anglicismos relacionados con el sector turístico (viajes, alojamientos, actividades de ocio y deporte, etc.), de uso extendidísimo, principalmente entre los profesionales del turismo —lo que tiene aún más delito— y sus correspondencias en español:

  1. Overbooking: sobreventa, exceso de reservas.
  2. Check-in: registrarse (en un hotel o apartamento); facturar (el equipaje).
  3. Finger (de avión): pasarela.
  4. Hub (de aeropuerto): centro de operaciones,  de conexiones o de distribución.
  5. Handling: servicio de equipajes o de maletería.
  6. Touroperator/tour operador: turoperador, agencia mayorista.    
  7. Catering: servicio de comidas (el Diccionario panhispánico de dudas [DPD] propone la adaptación cáterin, en redonda y de plural invariable: varios cáterin).
  8. Jet-lag: desfase horario.
  9. Transfer: conexión, trasbordo, correspondencia.
  10. Standby: en espera.
  11. Ferry: trasbordador, ferri.
  12. Vuelo «doméstico»: vuelo nacional (en español, doméstico alude a lo propio del hogar, no de lo nacional o interior, como sucede en inglés).
  13. Void: (billete) anulado.
  14. Rappel: descuento (aunque el DPD propone la adaptación rápel o rapel; plural, rápeles o rapeles).
  15. Forfait: paquete (turístico), abono (para los remontes) o precio global acordado. No obstante, la próxima edición del Diccionario académico ya recoge esta voz como propia del español, aunque debe pronunciarse como se escribe (/forfáit/), no a la francesa (/forfé/). Su plural es forfaits.
  16. Charter/s: voz adaptadas al español, aunque con tilde: chárter; plural, chárteres.
  17. Duty free shop: tienda libre de impuestos.
  18. Call center: centro de atención al cliente, de atención telefónica o de llamadas.
  19. Pack: paquete, lote, envase.
  20. Kit (de viaje): aunque ya está recogido en el DRAE, puede sustituirse por voces españolas como juego, estuche o equipo.
  21. Set: conjunto, serie, juego o estuche.
  22. Hall: salón, vestíbulo, entrada, recibidor.
  23. Lobby: vestíbulo, recibidor.
  24. Business corner: centro de negocios, sala de internet.
  25. Traveller’s cheque: cheque de viaje.
  26. Cash: efectivo (dinero en efectivo o en metálico).
  27. Fitness centre: gimnasio, sala de entrenamiento.
  28. Amenities: servicios, productos de acogida, instalaciones, comodidades.
  29. Single (room): (habitación) individual.
  30. Bungalow: bungaló, búngalo.
  31. Motorhome: autocaravana.
  32. Business centre: centro de negocios.
  33. Resort: centro turístico o vacacional, complejo hotelero.
  34. Facilities: instalaciones, servicios.
  35. Sommelier: sumiller.
  36. Snorkel: esnórquel, buceo de superficie.
  37. Running: carrera, correr.
  38. Rafting: balsismo, descenso de rápidos, canotaje.
  39. Trekking: senderismo.
  40. Footing: (falso anglicismo para jogging) correr.
  41. Jogging: correr («Voy a hacer jogging»: ‘Voy a correr’).
  42. Spa: balneario, baños o termas.

Y esto sin mencionar muchos otros usos inapropiados en el ámbito del turismo tan habituales como confundir al norte con en el norte («Suiza está en el norte de Italia»); Levante con la Comunidad Valenciana («La paella es propia de Levante»); el Reino Unido con Inglaterra y Gran Bretaña o el Úlster con Irlanda del Norte, entre otros.

Así que, prevenidos quedáis: cuando queráis ir a la Costa Azul no pidáis un biglietto a la Riviera, porque es posible que acabéis en San Remo

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

 


[1] Término consultado a la RAE en 9.812 ocasiones, según consta en la tabla I de este interesante Boletín de Información Lingüística de la Real Academia Española (BILRAE).

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A veces me pregunto qué sentirán las familias de personas desaparecidas, bien por causa de secuestro, extravío, accidente, detención ilegal o, simplemente, decisión propia (se fueron a comprar tabaco y nunca regresaron) cuando leen en la prensa, un día sí y al otro también, noticias sobre muertos «oficiales» a quienes se califica de desaparecidos.

Noticias como la del título de esta entrada, que podríamos encontrar en cualquier periódico español, pueden provocar confusión en el lector. ¿De qué nos están hablando?: ¿de que alguien cuyo paradero desconocemos había cambiado de vida antes de sufrir un accidente?, ¿de que el accidente, como en el caso del avión de las líneas aéreas malasias, fue lo que provocó la desaparición del sujeto de la noticia? ¿O quizá de que el desaparecido en realidad murió a causa del accidente?

¿Y si la noticia alude a un ciudadano argentino o chileno, por ejemplo, en cuyos países todos sabemos que se produjeron miles de desaparecidos durante las dictaduras militares de los setenta? ¿Qué sucede cuando nos encontramos con noticias como «El desaparecido poeta argentino Rodolfo Walsh visitó Cuba por primera vez en 1959»? Lo más probable es que interpretemos que Walsh, dada su ideología izquierdista, fue desaparecido por la Junta Militar argentina que gobernó el país con mano de hierro entre 1976 y 1983.

Sin embargo, teniendo en cuenta la segunda acepción de desaparecido que recoge el Diccionario académico, ‘eufemismo de muerto, nos quedamos con la duda de si, efectivamente, se considera al poeta desaparecido, es decir, escondido, ocultado, secuestrado, huido, fugado o, simplemente, en paradero desconocido, o por el contrario se lo considera muerto, fallecido, fenecido o extinto.

Como vemos, el castellano dispone de una amplia y variada gama de sinónimos tanto para desaparecido como para muerto, de modo que parece innecesario, además de poco recomendable, abusar del eufemismo desaparecido cuando sabemos a ciencia cierta que nos referimos a alguien que ha fallecido. Curiosamente, diccionarios de un prestigio y rigurosidad fuera de toda duda como el Clave y el María Moliner, por ejemplo, no incluyen en sus páginas la acepción de muerto para la voz desaparecido, lo que resulta muy sintomático.

E igualmente curiosa —y también sintomática— resulta la definición que ofrece el DRAE del vocablo fallecido, en principio, la mejor alternativa a desaparecido si queremos evitar la palabra tabú muerto: ‘Desfallecido, debilitado’ (e incluso añade que se trata de un adjetivo en desuso, anticuado…). Afortunadamente, no sucede lo mismo en los otros diccionarios mencionados, el Clave y el María Moliner, que definen fallecido como ‘Referido a una persona, que ha muerto’.

Considerando, por tanto, la ingente cantidad de noticias que se sirven casi a diario relacionadas con personas desaparecidas, ya sea voluntariamente, por causa de accidente o por haber sido detenidas de forma ilegal, convendría limitar el uso eufemístico del término desaparecido con el significado de muerto. Probablemente los familiares, amigos y conocidos de personas extraviadas o retenidas lo agradecerían…

Pero, volviendo al titular de este artículo, ¿qué hay de ese «había rehecho su vida»?, ¿cómo hemos de interpretarlo? A juzgar por el uso que dan a esta expresión muchos medios de comunicación, deberíamos deducir que el desaparecido se acababa de casar de segundas nupcias o que había comenzado una nueva relación sentimental. Así, por ejemplo, tras la reciente muerte del expresidente del Gobierno Adolfo Suárez (el desaparecido Suárez), se han publicado noticias como esta, muy significativa para el tema que nos ocupa: «Ahora Suárez Illana [su hijo] minimiza su interés y huye de la polémica, aunque es un secreto a voces que sus relaciones con Fernando Romero, el viudo de Mariam y padre de Alejandra [la heredera del ducado de Suárez], son muy tensas, casi inexistentes desde que éste rehizo (sic) su vida». Y ya. Ni una sola explicación de la forma en que Fernando Romero, yerno de Adolfo Suárez, decidió rehacer su vida.

Si consultamos el Diccionario veremos que el verbo rehacer significa —además de ‘Volver a hacer lo que se había deshecho, o hecho mal’— ‘Reponer, reparar, restablecer lo disminuido o deteriorado’. Por su parte, el Clave dice ‘Referido a una persona, dominar una emoción y recuperar la serenidad o el ánimo: “Es difícil rehacerse tras la pérdida de un ser querido”’. Como vemos, en ninguno de los dos diccionarios se menciona la posible colocación «rehacer uno su propia vida» con el significado de ‘establecer una nueva relación sentimental’. Solo el María Moliner nos da una pista, aunque muy pequeña —se intuye en el ejemplo que ofrece—, al respecto. Dice, bajo el lema rehacer: ‘Restablecer o arreglar; particularmente la vida cuando ha quedado deshecha por algún suceso desgraciado: “Después de la separación, consiguió rehacer su vida”’.

De modo que no entiendo por qué si alguien dice que ha rehecho su vida hemos de entender que se ha vuelto a casar o que se ha echado una nueva novia. Creo que son reminiscencias del pasado, de unos tiempos en los que prácticamente nadie podía plantearse una vida plena e independiente sin pasar por la vicaría. Afortunadamente, hoy en día son muchos los singles (ojo, ni siquiera la Fundéu ha sido capaz hasta el momento de ofrecer una alternativa a este anglicismo crudo cuando se refiere a quienes-no-han-rehecho-sus-vidas, así de cruda está la cosa) que se reinventan como tales después de sufrir un quebranto sin necesidad de ejercitar la tradicional simbiosis nupcial. Y creo que la prensa y, en general, toda la sociedad hispanohablante debería tomarlo en cuenta antes de dar por hecho que cuando alguien rehace su vida es porque ha pillao…

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

 

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